Borges entre anécdotas y paradojas

Estándar

En la vida de Borges confluyen paradojas, anécdotas y un sinnúmero de influencias que determinarían mucho de sus actitudes y pensamientos. Del mismo seno de su familia recibiría contradictorias influencias: padre agnóstico, madre católica y abuela protestante. Sus lecturas, sus estudios, su contacto con culturas y filosofías disímiles, determinarían una visión particular del mundo, así como una manera de hacer literatura a partir de ella, de la literatura misma. En ese sentido, los relatos de Jorge Luis Borges tendrían por lo menos dos maneras de leerse: en tanto narraciones directas de acontecimientos novelescos, o como una exposición de ideas y problemas a través de personajes ficticios.

La soledad en la que debió desenvolverse en la niñez serviría también, según se deduce de sus propias palabras, como alimento propicio para la creatividad y aun para las lecturas: “Pasé gran parte de mi niñez encerrado. No teniendo chicos amigos, mi hermana y yo nos inventamos dos compañeros imaginarios… cuando nos aburrimos de ellos, le dijimos a nuestra madre que habían muerto.”

Otro de los acontecimientos decisivos en su vida fue la pérdida de la vista, cuyos síntomas comenzarían a hacerse evidentes hacia 1953. Como se sabe, la ceguera no se convirtió en obstáculo para continuar produciendo literatura excelente, ni para dirigir la Biblioteca de Buenos Aires: “La ceguera no es una desventaja para un escritor de temas fantásticos, ya que de esa forma, la mente está libre y sin tropiezos para explorar las profundidades y alturas de la imaginación humana”, diría en Nueva Orleans cuando se le confirió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades por la Universidad de Tulane.

Y si de distinciones y premios se trataba, la gran paradoja del siglo anterior fue quizá la que ocurrió con él, postulado varias veces a obtener el Premio Nóbel, que, finalmente, nunca recibió, sobre todo por razones políticas. Al respecto, lapidariamente afirmaría: “El Premio Nóbel sirve para descubrir, y no para premiar a los escritores”. Muestra evidente además, lo anterior, de que ironía y burla solían ir de la mano de sus declaraciones polémicas.

Ya en su época senil, el gran escritor hallaría el amor. Fruto de ello –real o no– es su anuncio de que se suicidaría el 3 de agosto de 1982. Es obvio que no lo hizo. El amor que encontraría en su secretaria, María Kodama, lo salvaría de la muerte. “Tú serás lo que posiblemente yo no entienda, le dijo alguna vez. En junio de 1986, dos meses después de su matrimonio, el gran tigre cesó de pasearse por el mundo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s