Neruda Universal

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El 23 de septiembre de 1973, agobiado por un cáncer implacable y por el amargo y terrible golpe anímico que significaron para él los acontecimientos de doce días atrás, muere don Pablo Neruda, uno de los grandes poetas latinoamericanos que han dado Chile y Latinoamérica en este siglo.

El inmortal chileno fue un hombre profundamente arraigado a su tiempo, inserto en él, y como tal vivió con intensidad cada uno de sus días. Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basualdo, mejor conocido, no solo en el mundo de las letras sino en casi todas las instancias de su existencia, por el seudónimo que utiliza a partir de los 16 años, en homenaje al escritor checo Jan Neruda, emergió muy temprano de su medio natal para dirigirse a la capital chilena a concluir sus estudios.

Con un talento lírico bastante precoz, publica a los veintiún años su primer libro, Crepusculario, aunque ya mucho antes poemas suyos habían aparecido en diferentes revistas. Uno de sus libros de mayor fama, y quizá el preferido por la mayoría de la juventud enamorada de todo el mundo, se llamó Veinte poemas de amor y una canción desesperada.

A partir de su nombramiento como cónsul en Rangoon (Birmania), una serie de experiencias vitales por varios lugares del “exótico” continente marcarían su juventud: Ceilán, India, Java, Singapur, hasta su retorno a Chile, cinco años después. Pero de carácter fundamental sería su viaje a Barcelona, en 1934, con el fin de asumir el cargo de cónsul, circunstancia que le permitiría conocer y hacer amistad con la mayoría de los intelectuales españoles y americanos que descollaban en esa convulsa época de la historia de España: Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, escritores que conformarían la discutida “generación del 27”; así como a su compatriota Huidobro y al peruano César Vallejo. Aquellos contactos serían decisivos en su vida y en sus convicciones, al punto que seis años después de la derrota de la República y la llegada de Francisco Franco al poder, el poeta se afilia al Partido Comunista de Chile, y, al final de la década, publica su enorme Canto General.

Neruda conocería la satisfacción de obtener el reconocimiento del público lector de casi todo el mundo, pero también recibiría las decepciones causadas por la envidia humana, y la incomprensión de muchos seres aun de su propia patria. No olvidemos que aquellos años del siglo XX estarían intensamente signados por los antagonismos ideológicos, por la utopía marxista, por las distintas cacerías de brujas, etc. Neruda no haría más que reflejar, en su existencia y en sus escritos, esas realidades de su tiempo. A casi un cuarto de siglo de su muerte, se ha convertido en todo un mito de carácter universal. Y no podría ser de otro modo, pues, quiérase o no, la suya fue una de las más influyentes figuras de la centuria pasada.

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