FIL QUITO 2016: Manual de anti-gestión y autoayuda cultural

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Por: GERMÁN GACIO BAQUIOLA

En un noviembre atípico para Quito y Ecuador, donde en medio de sequías en Azuay, incendios en varios sitios del país, casi cero precipitaciones en Quito, una tormenta de festivales culturales y artísticos en distintas ciudades del país al unísono, lo que si verdaderamente llovieron fueron críticas y defensas a la organización y desarrollo de la 9na Feria Internacional del Libro de Quito. Con más de 9 meses de supuesto trabajo entre el Ministerio de Cultura y Patrimonio (su principal organizador y patrocinador) y la Cámara del Libro de Ecuador (que, dicho sea de paso, nada tiene de “cámara”-“libro”-“Ecuador”) no fue suficiente para ejecutar los casi 600mil usd destinados a la realización de dicho evento de modo que satisfaga a los distintos actores de la cadena del libro, empezando por los lectores, los editores, los libreros, los “distribuidores”, los grandes grupos y consorcios editoriales, y los mismos escritores. Todos, de algún u otro modo presentaron quejas o, al menos, se las guardaron entre dientes.

En lo personal, tras 7 años consecutivos de participación con el grupo de editores independientes de Sudamérica y con librería Corredor Sur (logro que debía haber merecido, por lo menos, una placa en honor a la constancia, sacrificio y estupidez de su director empecinado) podemos decir que la FIL Quito no avanza ni retrocede, se mantiene en el tiempo, casi por inercia, amenazada año tras año con la falta de decisión y voluntad política y por la baja y mal planificada ejecución de los fondos públicos para este evento. Allí está, congelada, sin grandes novedades editoriales, sin grandes figuras que visiten el país, sin publicidad, sin un público significativo cautivo e interesado, sin una amplitud real a las nuevas tendencias y mercados, sin una autocrítica necesaria, sin un valor agregado cultural. Allí está, inerte, con las misma cantidad de promesas incumplidas de siempre, con los mismos expositores, con la misma productora organizadora que gana la subasta inversa realizada por SERCOP, con la casi nula publicidad del evento y de su programación, con la misma baja calidad literaria y de curaduría editorial, con el amiguismo cotidiano y repetido hasta el cansancio, con los mismos colegios que llegan para no aprender ni participar realmente de nada sino simplemente para dar una vuelta y saltarse horas de clase, con las mismas caras largas de todos y quejas que llueven y llueven. Está y seguirá estando y la lluvia de críticas se repiten año a año, intentando ejecutar cabezas de mando, pero esas mismas críticas, año a año, entran por un oído para salir por el otro y terminar siquiera sin archivarse en algún cajón u armario de oficina (sea del Ministerio o de la “Cámara”).

De todos modos, me parece importante resaltar unas 3 realidades/cualidades de esa crítica:

1.- La queja en el mundo editorial es una costumbre embestida de jurisprudencia y hábito, que engaña al solicitante haciéndole creer que sus daños sufridos son merecedores  del  derecho  a la crítica destructiva, para luego naufragar en el cierre de año y olvidarse por siempre, hasta 12 meses y una edición después. ¿No sería acaso más práctico reunirse entre los ruidosos y hartos y elaborar un panfleto-carta para que sea presentada formalmente y reúna las sugerencias pensadas y los cambios ideales?

2.- La crítica por la crítica, esa crítica desde fuera, sin haber siquiera participado de la actividad ni por una hora, es más calumniable que cualquiera de las demandas, exigencias, planteamientos brillantemente embadurnados de teorías que se enredan en la lengua misma del opinólogo de turno.

3.- Siempre es más conveniente esperar, juntar fuerzas y realizar el acto de protesta (sea en el formato que fuera) de modo conjunto que desperdiciar fuerzas día a día en los rumores, chismes, opiniones, conversaciones sobre el problema a resolver. Sin embargo, la pasividad y no toma de posición siempre será considerado más retrógrado que el mismo sistema opresor.

De todos modos, me parece importante resaltar 3 realidades/cualidades de la FIL Quito:

1.- Es uno de los pocos (no el único, claro) espacios y programas a nivel nacional que por casi 10 años consecutivos se ha dedicado a intentar, al menos rozar, el problema fundamental de este país que, a mi entender, radica en la falta de conciencia, falta de entusiasmo, falta de costumbre de leer.

2.- Es un evento que es necesario mantener vivo, para que algún día personas con las aptitudes y actitudes necesarias puedan tomar las riendas de él y convertirlo en la verdadera fiesta de la cultura nacional.

3.- Pese a todos los problemas, críticas, quejas, blablablás; durante la edición de esta feria sucedieron ciertas cosas (encuentros, firmas, actos, diálogos, conflictos, etc.) que sin duda alguna fortalecerán al sector editorial y potenciarán, algún día, la lectura.

¿Cuáles fueron estos benditos sucesos?, se preguntarán. Pues bien, en esta ocasión no los diré, porque así como prefiero guardarme mis quejas, tanto para mi bien como para el bien de los demás, he aprendido también a guardarme ciertas reflexiones que madurando pueden resultar un arma mucha más letal que la mera palabrería periodística. Además, Pessoa me espera en mi mesita de luz.

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