Mujer

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Cuando diversas entidades y organismos de todo tipo llevan adelante la celebración del Día Internacional de la Mujer, se multiplican los clásicos discursos por medio de los cuales se le intenta rendir homenaje. La tradicional práctica machista en la que se han desenvuelto muchas de las sociedades humanas es el factor responsable de que, por siglos, fuesen los hombres quienes tomaron para sí la responsabilidad de dirigir sus destinos.

Eso implicó también una serie de privilegios y supuestos derechos para el elemento masculino, como el acceso a la educación, por ejemplo. Y para que las mujeres hayan podido acceder a ese derecho humano se tuvieron que llevar adelante luchas decisivas. Lo que emprendió la Revolución Liberal liderada por hombres como Eloy Alfaro y Luis Vargas Torres, en Ecuador, es una clara muestra de aquello.

Lamentable es que, a consecuencia del machismo reinante, todavía hoy se tenga que hablar de reivindicaciones y derechos, cuando el solo hecho de mencionar esos temas debería ser ya un recuerdo del pasado. La mujer ha tenido que considerarse parte de un grupo proscrito, tal como lo han sido a lo largo de la Historia los indígenas, los negros, los obreros. Aunque parezca ridículo mencionarlo, que la mitad de la sociedad tenga que reconocer los derechos de la otra mitad es simplemente un anacronismo y una muestra de lo mucho que aún le falta por evolucionar a la raza humana.

No creo en aquellos estipulados que afirman que la sociedad estaría mejor conducida si fuesen las mujeres quienes la gobiernan. Aquel, el de gobernar, es un derecho y también un deber que les asiste tanto a hombres como a mujeres. Ambos grupos son susceptibles de cometer errores e incurrir en vicios que atentan contra el ejercicio democrático, tal como lo entendemos en esta sociedad de innegable influjo occidental.

En este día habrá discursos de todo tipo e inclinación. Se hablará desde  posturas feministas y también desde aquellas machistas, dos extremos que al final no resultan saludables. Se dirá que la mujer es madre, esposa, hija y hermana, y cosas por el estilo. Pero, ¿acaso todo aquello no resulta obvio? La mujer es, simplemente, nuestra compañera, tal como nosotros somos sus compañeros. Caminamos juntos por la vida, tomados o no de la mano, y juntos debemos decidir cómo vivirla. No hay más. El resto es solo egoísmo, primitivismo, estrechez mental.

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