Gustavo Cañizares: un poeta del pueblo

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Frente a la rada de agua de mis ojos

vi un ataúd pasar en hombros de la ciudad

con un cadáver anónimo, sin rostro

podrido de sueños, gusanos y tristezas.

Atrás, la parentela de los que en vida lo amaron:

las putas, los bohemios, los soñadores,

los caminantes, los prófugos de la vida…

¡Al tercer día la blanca

novia multiamante de los sueños

escribe sobre su tumba un soneto epitafial

testimonial de la alegría de la vida!

¡Ah la risa blanca y putañera del sueño

del día festivo y dulce de mi muerte!

El Memorial de los Sueños (57)

En el fragor de la lucha armada del pueblo nicaragüense por liberarse de la opresión sanguinaria de la dictadura somocista, bajo el innegable influjo de la Revolución Cubana, se escribió también mucha poesía, en ocasiones bastante lírica, en ocasiones harto militante y prosaica. Pero esas épocas resultan ahora impensables, arcaicas e incomprensibles para las nuevas generaciones de poetas latinoamericanos, incapaces de concebir poesía en la lucha social, en la protesta, en la toma de las armas como vía para alcanzar un sueño. Latinoamérica por lo menos vive otra era, una que no admite ese camino como forma de llegar al poder, porque además terminó decepcionándose, en medio de todos los mecanismos utilizados por las fuerzas de derecha y sus padrinos mundiales, del ejercicio abusivo y nuevamente opresor que hicieron los grupos que alcanzaron ese poder en nombre del pueblo.

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Hacia los años setenta y ochenta, la convulsión política y social del continente impedía permanecer impávidos a cuanto acontecía dentro y fuera de nuestras fronteras. Muchos fueron los poetas que hicieron de su pluma un fusil, y no pocos los que abandonaron la pluma para empuñar el fusil. Por entonces Gustavo Cañizares Betancourt (Esmeraldas-Ecuador, 1950) era un poeta joven que había publicado ya sus primeros poemarios bajo el influjo de la literatura universal, que enseñaba en los colegios públicos, de poetas como Gustavo Adolfo Bécquer, pero también de Roque Dalton o Ernesto Cardenal. Hombre de su tiempo, fue un poeta comprometido, de metáforas claras, que podía hacer lírica de las cosas cotidianas y simples, a la vez que denunciar con frontalidad las inequidades e injusticias del sistema, fiel a sus ideas políticas y a su filosofía, radicales y sin contemplaciones.

A los 27 años aparecerá publicado su primer poemario, cuyo título no podía ser más revelador de lo que venimos afirmando: Cantos de Protesta y de Ternura de un Itinerante Solitario (1977). Vendrán, en los dos años siguientes, Poemas de Gustavo Cañizares y Las Tergiversaciones Humanas, antes de llegar a La Canción de los Pájaros, en 1981, libro en el que le cantará no solo a las golondrinas ciegas, a los pájaros ciegos del amor, al del amor filial, al dulce y fugaz pájaro de la felicidad, sino también a los de la guerra, a los errantes pájaros del recuerdo, a los pájaros metálicos, y hasta al espantapájaro: Bendigo el instante de lucidez y de locura / en que descifré el lenguaje de los pájaros / y de las impúberes rosas. / De los murciélagos noctámbulos, / de los búhos en vigilia, / de las sierpes voladoras, / de los anfibios volátiles. / Como canto de aurora / sollozaron en su lenguaje marinero / mil cisnes de cuellos ebúrneos / por una golondrina ciega / que chocó contra el mástil / de una góndola viajera. / Y en su aéreo viaje / las pulsátiles gaviotas / le agitaron entre sus alas / el pañuelo del adiós. / Mientras arriba / el viento cruelmente jugaba / con el alma de una golondrina ciega, / acá abajo el buitraje humano / seguía picoteando a mi tristeza. (La Golondrina Ciega)

Gustavo Cañizares dejó este mundo turbulento y trastornado el 04 de septiembre de 2018, luego de haber gastado con pasión y ternura las multisiete vidas gemelas con las que nació. Durante más de un cuarto de siglo no volví a saber de él sino hasta unas pocas semanas antes de su partida, en que me envió uno de sus últimos poemarios, el libro Poemas sin Censura, publicado en Manta en el año 2014. Nacido en Esmeraldas, la tierra natal no siempre le fue grata en su valoración, quizá por aquel lugar común de que nadie es profeta en su tierra. Fue Manta, la pujante ciudad portuaria de la provincia vecina, la que le acogió como a su hijo y le prodigó el reconocimiento que el lugar de natalicio no acertó a conferirle, imbuido en sus conflictos sempiternos de subdesarrollo y desigualdad social.

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Y por esa misma razón, porque otra forma de ver la creación literaria y la misma enseñanza de la literatura le permitieron establecerse como un nativo más, regresó a la urbe manabita hacia comienzos de los noventa, urgido no solo por la necesidad de crear versos sino también por dar el sustento a cada uno de los poemas humanos que creó y crió, su prole, a quienes dio su amor, su sangre y su apellido; porque además del duro oficio de la poesía, fue también un incansable cultor del duro oficio de ser padre a tiempo completo, buscando hasta en cantinas / almuerzos desnudos, sopas de letras, / indigestiones literalcohólicas. / Rifando versos y temores. Gambeteando acreedores / con tarjetas de créditos espirituales. / Regateando luceros a la noche, / hurtando estrellitas a la mañana / para alegrar al primogénito.

Aquello le evitaría volver a enfrentarse a la metáfora conyugal de sentarse a la mesa a la hora del almuerzo, y en vez de comida recibir un plato sobre el que estaba servido un libro: Por transitar desde hace tiempo / por altos y profundos / conductos filosóficos, / yo fui el escogido / para sumergirme con mi escafandra de poeta / en profundas y genésicas aguas / de espirituales meditaciones / aunque dilapidara el corazón y la existencia / en tan temeraria, / solitaria / y dolorosa empresa. / Y por andar siempre ensimismado / en resolver teoremas / y ecuaciones / de platónicas, / socráticas / y aristotélicas hipótesis / olvidé que hoy es fin de mes / y tengo que pagar la renta / y sabed también amigos míos / que para estar de acuerdo conmigo / – filosóficamente hablando – , / esta tarde fui recibido por mi esposa / con un simbólico almuerzo: / un libro de filosofía / abierto sobre un plato. (Problemas Filosóficos)

Recuerdo que poco antes de salir ambos del puerto esmeraldeño, yo hacia la capital de la morlaquía, él hacia el puerto manabita, había sido agredido por uno de sus compañeros de militancia, de apellido bélico, en aquel partido político al que jocosa pero también trágicamente solíamos llamar Mamita Pega Duro, por sus iniciales pero también por la habitual conducta de muchos de sus militantes, a quienes décadas más tarde un mandatario llamaría tirapiedras representantes de la izquierda infantil, parafraseando a Vladimir Ilich Lenin. Sus militantes y dirigentes asumíanse como la única y verdadera izquierda ecuatoriana, bajo los efectos embrutecedores de su sectarismo interesado y acomodaticio. Lo curioso es que el individuo en referencia se hacía llamar a sí mismo también poeta, pero de infelices y desafortunados versos mediocres que jamás trascendieron de lugares comunes como aquello de «roja es la hierba», frustración literaria que trató de aliviar a punta de golpes y patadas.

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Gustavo no se inmutó. Para entonces, al salir de la provincia verde, había publicado ya su Selección Poética (1984), Poema del Río (1987) y El Memorial de los Sueños (1990), libro este último que ganó el Primer Premio en el Concurso de Poesía «Arcelio Ramírez Castrillón», convocado en 1989 por la Universidad Luis Vargas Torres de Esmeraldas, y del que el gran Antonio Preciado dijo que su autor, «siguiendo la huella de un ejercicio poético sostenido, guiándose sabiamente por los efluvios de una experiencia fermentada al calor de la gran causa del hombre y bajo los resplandores de una posición ideológica que le es consecuente, se adentra en los vericuetos de su interioridad, ahonda en la activa conciencia de su circunstancia histórica y humana, y nos entrega esta poesía de alta calidad, cuyo seguimiento abre, a quien la recorre atentamente, su latebroso esplendor».

En aquel libro fundamental, en el poema 57, premonitorio, lúcido y claro, canta la visión onírica de lo que creyó sería, casi treinta años después, la escena de su propia partida hacia la nada, hacia la eternidad; y, en el canto 73, llega a la convicción, además, de que luego de esos sueños, esos versos, podría morir al día siguiente y renacer, triunfal: Sé que después de estos sueños / puedo morir / mañana mismo / y renaceré, triunfalmente / en mis cantos y en mis sueños / siete veces a la vida. / Porque hoy mismo / bajo el agua inmemorial / y los rieles sin fin de los tiempos / encontré el arma perfecta / para matar la muerte / de las multisiete vidas gemelas / con las que he nacido.

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Los poetas jóvenes parecen haber perdido la habilidad de recitar sus poemas, y los leen sumidos en las nubes del aburrimiento, cuando no de la incompatibilidad con las realidades de sus mensajes. Claro que eso no es lo que se exige de ellos, sino que escriban poemas y que estos contengan poesía, es decir calidad. Gustavo, como si evocara el entorno del norte esmeraldeño donde nació, y el sur colombiano de donde procedían sus raíces maternas, fue además de poeta un gran declamador de su poesía, algo que al parecer se cultiva aún en la tierra de Nelson Estupiñán Bass. Adalberto Ortiz, Antonio Preciado, Orlando Tenorio y José Sosa. Yo mismo evoco al niño y al adolescente que alguna vez fui, tratando de recitar sus versos a todo pulmón, para martirio o quizá para regocijo de los vecinos del barrio esmeraldeño conocido como Las Palmas.

A diferencia de Esmeraldas, Manta supo reconocer su valía y lo acogió como a hijo propio, al punto de que muchos de quienes lo conocieron y supieron de su obra siguen creyendo que era un poeta manabita, y de alguna forma lo fue porque en esa tierra se dio a conocer y publicó la mayor parte de sus libros. A comienzos de 2018, la Municipalidad de Manta le rindió un homenaje sentido además de justo, y en septiembre de ese mismo año su deceso causó conmoción en la intelectualidad manabita y en el pueblo mantense. Algo que, sin embargo, no podría afirmar de los esmeraldeños, pese a que fue miembro del Frente de Artistas Populares de Esmeraldas, coordinador del Departamento Cultural de la Unión Nacional de Educadores en la provincia, además de mentalizador y organizador del Festival de las Letras Esmeraldeñas.

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Durante el homenaje que a comienzos de 2018 le rindió la Municipalidad de Manta.

Hacia mediados de 2018, sus hijos emprenden una carrera contra el tiempo, y buscan cumplir la última voluntad del poeta: publicar su libro postrero, Los Poetas de las Bolsas Tristes, que con su “estilo de siempre, de agriescaldadura” (como reconoce en la dedicatoria generosa y rebosante de afecto que me escribió), consciente de la inminencia de su partida, dedicará A la huesuda rechiflada que ya me está persiguiendo la pisada. Libro escrito en el tiempo de resumir; libro de despedida y de reafirmación poética como compromiso de vida; libro de poemas dedicados a sus más grandes poetas: Hugo Mayo y César Dávila Andrade; a los seres que admiró, a sus amigos, a los lugares que amó: Manta, Esmeraldas, Buenaventura y Cuba la antillana; libro desesperado de reencuentro con la fe; libro descarnado, sentido, doloroso y terriblemente humano.

Prologado por Víctor Arias Aroca, éste dirá: «A Cañizares le ha ocurrido de todo en este mundo. Anduvo por el camino de los jardines que se bifurcan, anduvo errante por el río mítico de las esmeraldas prohibidas; se fue con sus cantos de protesta y de ternura y se convierte en un itinerante solitario, nos metió el cuento de que los pájaros eran una canción y era mentira porque él no pudo aprenderse el canto de los pájaros y decidió escribirlo; se fue más arriba, se hizo filósofo y entró en el vendaval de los proverbios y los amorfinos; se fue de combate con la poesía desnuda y ahora nos sale con los poetas de las bolsas tristes que parecen desterrados del gobierno y, francamente, enemigos de la democracia, ya que a ellos el mundo no ha sido capaz de llenarles sus bolsas mientras que los señores del poder se llenan las bolsas, los bolsillos, las chequeras y van por el mundo recordándonos que la desvergüenza existe y que los burros sí pueden volar y llegan al poder de rebuzno en rebuzno».

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Tentado de decirle adiós al poeta, pero también al tío que admiré en la niñez y en la adolescencia, en la juventud y en la vida adulta, una vez más debo recurrir a la clarividente y brutal honestidad de sus versos: Con el último puñado de tierra / me dirán: Adiós. / Con los últimos pasos que se alejan / les diré: hasta luego. / Santuario de aguas negras. / Me quedaré solo. Inmensamente solo. / Ahogado en una tacita de café. / Y su amargor sin fin / oscurana de la eternidad.

¡Hasta luego poeta! ¡Hasta luego, tío Gustavo!

Cuenca, octubre de 2018

Palabras sobre el poeta y su obra

«Gustavo Cañizares está en la poesía, no quiere recorrer los caminos fáciles, pues como alguien decía, sólo lo difícil es estimulante”. Por otro lado merece destacarse la originalidad de los contenidos, donde aparecen pensamientos propios de alguien que siente la poesía como un don y no como una dificultad». (Hugo Mayo)

«Es tan difícil hablar de un hombre controvertido. Y Gustavo Cañizares lo es a manos llenas. Cuando lo conocí comprendí que era uno de esos ejemplares que están desapareciendo de la especie humana: el poeta puro. Gustavo es un poeta nato, un poeta en la extensión de la palabra. Un bardo que hace poesía de todo y que encuentra las causas y efectos de sus aptitudes poéticas hasta en los platos servidos a la hora del almuerzo». (Fernando Macías Pinargote)

«No hay duda, Gustavo Cañizares es un poeta en toda la extensión del vocablo, tomando en consideración que todos sus poemas tienen un fuego creador donde con voz diáfana y varonil expresa su mensaje clarísimo sin entrar al cultismo intrincado de “poetizar” en que muchos versificadores contemporáneos suelen escudarse a falta de genio creador». (Arcelio Ramírez)

«Un poeta seguro de que tiene la palabra para decirse entero, convencido de que con la madurez de su voz podía atreverse y salir airoso de una apasionada andadura por los contenidos profundos… Predomina la inconfundible bondad de un poeta que va convirtiéndose en una de las voces más significativas de la joven poesía ecuatoriana». (Antonio Preciado Bedoya)

«Qué duda cabe, Gustavo Cañizares es un hombre signado por el tizón incandescente de la poesía. Por su persistente búsqueda, pasión, empaques y haceres de juglar de la literatura ecuatoriana. En este libro de poemas se siente la presencia del poeta y su hálito vital reafirmante de una verdad insoslayable: Gustavo Cañizares está llegando al hontanar de donde brota la poesía como una yema imperecedera». (Euler Granda)

«Siempre quise un objeto blasfemante, algo con el cual aterrorizar. Y Poemas sin Censura de Gustavo Cañizares es ese objeto, un libro-blasfemia que tiene una voz madura, colosal, cínica, ególatra, desesperadamente cómica. Un libro-blasfemia donde la voz poética (aquel alter ego ampuloso del autor) habla desde la intimidad y cuenta sus secretos descabellados. Una voz que habla desde la experiencia: años-arrugas-historias. Una voz que blasfema en nombre de un dios con el que se bebe y encara. Un libro-blasfemia capaz de revolver las entrañas de la felicidad. Cañizares con este nuevo trabajo poético deja asentada su labor como escritor, un comprometido con la palabra (cuyo respeto reside en jugar con ella a su manera), con la idea de legar a la poesía ecuatoriana un trabajo debidamente justificado». (Alexis Cuzme)

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