Gustavo Landívar entre los Maestros de la Fotografía cuencana

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Hacia el año 1985, con la venia y el respaldo de quien entonces regía los destinos de la lglesia Católica cuencana desde su arzobispado, Luis Alberto Luna Tobar, el fotógrafo Gustavo Landívar ingresaba a uno de los recintos reservados más antiguos de la capital azuaya, a la par que uno de los más desconocidos para el común de los vecinos morlacos.

Las religiosas del Monasterio de las Conceptas habían decidido por entonces abrir y donar una parte del claustro, flanqueado por blancas y altas paredes blancas de una manzana entera en el Centro Histórico de Cuenca, entre las calles Antonio Borrero y Juan Jaramillo, Hermano Miguel y Presidente Córdova. La sección correspondiente a la enfermería se destinaría a la instalación de un museo en el que los visitantes podrían ser testigos de una parte trascendental de la historia de la urbe, indefectiblemente ligada a la mayoritaria e incuestionable inclinación religiosa de sus moradores.

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Con lo que el joven fotógrafo no contaba era con la reacción que las monjas tendrían ante la presencia de un visitante del exterior, extraño al recinto, y mucho menos con cámara en mano intentando fotografiarlas. Su misión consistía en registrar la vida cotidiana de las religiosas dentro del claustro, derrotero que por poco no logra porque ante su presencia se cubrían los rostros con velos, o simplemente optaban por esconderse de él.

Landívar ha estado ligado durante medio siglo al registro fotográfico de la vida cuencana en sus más diversas facetas, pero sobre todo en el rico espectro cultural que la caracteriza. Esa inclinación por la imagen no fue espontánea ni antojadiza, sino que, por lo contrario, tiene antecedentes que datan de los mismos comienzos del siglo XX: su abuelo paterno, Agustín Landívar Vintimilla (1891-1929) formó parte de lo que podría llamarse la primera generación de fotógrafos de la ciudad, y a su padre, Manuel Agustín Landívar (1920-1980), se le deben muchos de los registros fotográficos (y también sonoros) de la cultura popular azuaya.

En ese contexto familiar, Gustavo creció rodeado de las imágenes captadas por ambos personajes, así como de las cientos, miles de fotografías coleccionadas por la suya y por otras familias cuencanas, con lo cual resulta fácil imaginar que su mayor pasión sería precisamente la captura luminosa elevada a la categoría de arte y al nivel de documentación histórica y cultural.

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En lo cultural es donde más se explayó su actividad, lo cual implica que la gran mayoría de las imágenes que habremos visto en Cuenca durante las últimas cinco décadas es de su autoría. Proyectos editoriales de trascendencia para la ciudad, como los dos tomos de fotografía antigua titulados Cuenca Tradicional, que el Banco Central publicó hacia mediados de los ochenta y comienzos de los años noventa, o el libro Ecuador, Hombre y Cultura, que recopila entrevistas del escritor Jorge Dávila a una veintena de personajes de la cultura local, tienen el sello Landívar, genuino e insaciable coleccionista de las fotos capturadas desde el siglo XIX, es decir la vida cotidiana y sus expresiones más disímiles: lo religioso, lo cultural, lo elitista, lo popular, el paisaje natural y el arquitectónico, las transformaciones urbanas, las diferencias sociales y raciales, la vestimenta, las costumbres, la gastronomía, etc.

Desde su domicilio y estudio emergieron, hacia finales de 2018, no solo una gran parte de esas colecciones, sino también cámaras de todos los tipos, tamaños, formas y épocas, adquiridas minuciosamente con la misma pasión con que desde hace medio siglo se ha dedicado a la fotografía y al estudio e investigación del movimiento fotográfico cuencano.

La Casa-Museo Remigio Crespo Toral, en realidad el museo de la ciudad, proyectó organizar bajo la égida de su director, René Cardoso Segarra, el Salón de los Maestros de la Fotografía Cuencana del siglo XX, para lo cual se decidió invitar a Landívar.

Esta iniciativa coincidió con la conmemoración del quincuagésimo aniversario de Gustavo como fotógrafo, y también con su jubilación como economista, su otra profesión. Gracias a la subsecuente disponibilidad de tiempo se dedicó a preparar la exposición con suficiente antelación, catalogando y clasificando un archivo gigantesco de fotografía analógica.

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En el proceso, los representantes del museo Pumapungo decidieron sumarse al proyecto, puesto que en la época en que éste pertenecía al Banco Central Landívar hizo mucha fotografía de sus actividades, exposiciones, acervos y proyectos, entre los años 1980 y 2005. Con el mismo criterio se unieron el Museo Municipal de Arte Moderno, la Casa de la Cultura a través del Salón del Pueblo y el museo Manuel Agustín Landívar, y el Museo de las Conceptas.

El resultado fue la muestra temporal titulada Gustavo Landívar: las colecciones, correspondiente a la serie Maestros de la Fotografía, que la Casa-Museo Remigio Crespo Toral (Calle Larga y Borrero) exhibe hasta finales de marzo de 2019. “Esta exposición temporal es parte de la serie Maestros de la Fotografía que tiene como propósito indagar los aportes de fotógrafos cuencanos que en diversas épocas registraron escenas y acontecimientos de la ciudad, desde composiciones muy intimistas llenas de nostalgia y romanticismo hasta capturas del esplendoroso paisaje de las campiñas azuayas; fotógrafos que con sus registros visuales se constituyeron en verdaderos cronistas de la historia cuencana”, expresa René Cardoso.

Las próximas exposiciones de esta serie incluirán obras de José Salvador Sánchez (1891-1963), José Antonio Alvarado (1886-1988), Manuel Jesús Serrano (1882-1957), Emmanuel Honorato Vázquez (1893-1924), Rafael Sojos Jaramillo (1888-1987), Víctor Coello Noritz (1890-1967), Agustín Landívar (1891-1929), Gabriel Carrasco (1890-1975).

Personajes y entidades

En el lapso de un cuarto de siglo, en una de las épocas de mayor dinamismo y transformación cultural operada en Cuenca, Gustavo trabajó con algunas de las principales entidades dedicadas a la promoción y la actividad cultural. Una de ellas fue también la Bienal de Pintura de Cuenca (hoy convertida en Bienal de Arte), en torno a la cual se gestó un gigantesco movimiento cultural que transformó a la ciudad, y cuya incidencia es aún palpable en la capital azuaya próxima a entrar ya a la tercera década de este siglo.

Quienes se contaron y se cuentan entre los principales protagonistas del arte y la cultura, la política, la religión, la educación, el periodismo, aparecen retratados y registrados en las imágenes captadas por Landívar, muchos por entonces muy jóvenes incluido el mismo fotógrafo que hoy conmemora media centuria de permanente trabajo detrás de las lentes de sus cámaras.

GL18Lo que el público ha podido apreciar de esta muestra incluye registros gráficos de comienzos del siglo XX, con alrededor de unos veinte nombres de fotógrafos que el museo incluye en el proyecto. La muestra da cuenta de una enorme cantidad de escenas de la vida en Cuenca, de sus personajes influyentes y clave en diferentes épocas, áreas del quehacer humano y aspectos, muchos de ellos ausentes ya pero que tuvimos la fortuna de conocer y tratar: Alberto Luna, Edgar Rodas, Antonio Lloret, Dora Canelos, Carlos Cueva Tamariz, Patricio Muñoz, Jacinto Cordero, Roberto Senese, José Luis Espinoza, Efraín Jara Idrovo, Juan Cueva Jaramillo, Eugenio Moreno, Oswaldo Moreno, Ricardo Muñoz, Ricardo León, René Cardoso, Jorge Dávila, Edmundo “el Loco” Maldonado, Eliécer Cárdenas, Oswaldo Encalada, Claudio Malo, Osmara de León, Lauro Ordóñez, Rubén Villavicencio, Juan Cordero, Jaime Idrovo, Gerardo Martínez, y un extenso e inagotable etcétera.

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Las colecciones de Landívar cuentan con material de archivo abundantemente respaldado de unos ocho fotógrafos, entre los cuales también hay cultores de la fotografía cuyos trabajos tuvo él la fortuna de hallar en los archivos empolvados de diferentes instituciones públicas y privadas, o de familias cuencanas, como resultado de sus investigaciones. Tal es el caso de José Salvador Sánchez (1891-1963), fondo cuyo hallazgo data del año 1977.

Tres años más tarde comenzó a trabajar con el fondo gráfico de su abuelo, Agustín Landívar, y una veintena de años después, gracias a su iniciativa, los descendientes de Emmanuel Honorato Vázquez dan a conocer de forma pública su archivo de imágenes, así como los trabajos de Manuel Jesús Serrano, Víctor Coello Noritz y José Antonio Alvarado, que formaron parte de la muestra Precursores de la Fotografía Cuencana, organizada por el Banco Central.

GL19Merced a un arduo y permanente trabajo investigativo pudo hallar también los archivos de Rafael Sojos Jaramillo y Gabriel Carrasco: “En los casos de Vázquez, Landívar, Carrasco, Sojos y Coello, ellos fueron compañeros de aula en la universidad, además de coetáneos de Serrano y Sánchez. Alvarado calza en este grupo porque era un importador cuya actividad le permitía viajar de manera constante al extranjero. Entre los productos que importaba constaban también cámaras fotográficas, circunstancia que le convirtió en proveedor de los cultores del arte gráfico, además de él mismo haber sido autor de fotografías en verdad exquisitas, dadas más a la temática familiar pero al mismo tiempo extraordinarias.”

Escuela Cuencana de la Fotografía Modernista

Estas investigaciones y hallazgos le han permitido teorizar sobre la actividad fotográfica de la ciudad en aquellos tiempos, y plantear que el movimiento constituyó lo que él denomina la Escuela Cuencana de la Fotografía Modernista. Por su sentido estético, señala, del Romanticismo que entonces vivía Cuenca este movimiento salta al Modernismo, a una nueva forma de plantear y tratar la imagen y el uso de la luz, que no se da en otra parte del país. “En torno a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Cuenca se creará un grupo de intelectuales jovénes que harán fotografía, al centro del cual estaba Emmanuel Honorato Vázquez: Gabriel Carrasco, Agustín Landívar Vintimilla, Rafael Sojos, Víctor Coello Noritz. Había también fotógrafos como Federico Malo Andrade, Bolívar Malo. El que no era fotógrafo no estaba en nada por aquel tiempo”, afirma Gustavo.

Al mismo tiempo se aventura a dar otra interpretación a la firma que Emmanuel H. Vázquez solía plasmar en sus obras, Tarfe, que de acuerdo con Landívar podría leerse también como Earte (Emmanuel Arte).

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Museo de la Fotografía Cuencana

Otro de sus planteamientos se da en torno a la necesidad de crear para la ciudad el Museo de la Fotografía Cuencana, que partiría precisamente de sus colecciones no solo de imágenes sino también de cámaras fotográficas. Además de los archivos mencionados, la mayoría de ellos respaldados en negativos, el proyecto incluiría el rescate de los trabajos de fotógrafos posteriores, cuyas obras se conocen en positivo, tales los casos de Alejandro Ortiz Cobos o de Serpa. Es decir, cultores de la imagen cuyas obras deben ser rescatadas porque constituyen el acervo de la ciudad, su historia, su memoria gráfica.

El traspaso de lo analógico a lo digital ha representado fenómenos en los que no se suele reparar en esta era dominada por lo digital. “Hasta finales del siglo XX -recuerda-, mucho de lo que aconteció en la ciudad, tanto en la esfera privada como en la pública, se registró en cámaras de video de betamax y vhs, de lo cual muy poco o casi nada ha quedado o ha sido posible traspasar al formato digital.”

Esto significa en realidad la pérdida de una buena parte de la memoria social cuencana, a lo cual se suma la condición volátil, etérea y en permanente riesgo de los registros digitales, que a menudo se han perdido en discos duros borrados como consecuencia de virus o fallas de estos aparatos.

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Curiosamente, están seguras las imágenes fotográficas de los primeros treinta años del siglo XX cuencano, pero en la práctica están perdidas las correspondientes a finales de esa centuria y comienzos de la actual, como consecuencia de este fenómeno relacionado con los avances tecnológicos y la aparición de nuevos soportes. “Cuenca tiene un archivo fotográfico excepcional. Hay los archivos, hay los elementos suficientes que pueden dar forma y vida a este proyecto, y hablo solo de lo analógico. De lo digital ni siquiera me he atrevido a auscultarlo, pero podría también hacerse en su momento un buen trabajo de rescate”, señala con vehemencia este fotógrafo, también él un Maestro de la Fotografía Cuencana.

¡Ya vuelta vuelven las monjas!

La segunda parte de un extenso periodo de homenaje a Gustavo Landívar, su obra y su contribución al mantenimiento de la memoria gráfica cuencana, se exhibe ya en el Museo de las Conceptas, y las subsiguientes irán dándose en los espacios señalados, en las que se podrá apreciar otras facetas del fotógrafo.

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Como señalaba al comienzo de este texto, hace más de treinta años el artista cuencano tenía como misión registrar la vida cotidiana de las monjas en el claustro. Cuando finalmente pudieron ellas relajarse y permitirle captarlas en su rutina diaria en los jardines, la panadería, la cocina, la lavandería, la enfermería o los pasillos, el resultado fue un registro de alrededor de 600 imágenes en las que por primera vez se revelaba al público cómo vivían las conceptas dentro de uno de los dos claustros más antiguos de la ciudad (el otro es el Monasterio del Carmen), casi tan antiguos como su historia de urbe hispanoamericana.

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En su condición de miembro del Patronato del Museo, Gustavo ha impulsado una suerte de regreso de las monjas a esa parte del claustro que es ahora el museo, a partir de una expresión coloquial muy morlaca: “¡Ya vuelta vuelven las monjas! ¡Aquisito nomás estaban!”, que define a la perfección de qué va la muestra: ampliaciones a tamaño natural de una buena parte de esa serie, aparecen ante los ojos del visitante al recorrer la exhibición, en ocasiones como si lo hicieran de manera subrepticia, plasmadas precisamente en los sitios donde fueran tomadas esas imágenes hace más de treinta años.

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En medio de todo ese trajinar ocasionado por las diferentes muestras que el año 2019 presentará al público amante de la imagen fotográfica, nuestro fotógrafo planifica también la edición y publicación de un libro que plasme aquel medio siglo de actividad, sus vivencias y evocaciones, sus descubrimientos y conclusiones, su pasión indomable por todo aquello que tiene que ver con la historia de Cuenca reflejada en miles de imágenes atesoradas como lo que son: registro y testimonio fehaciente de la transformación de la más bella ciudad del Ecuador durante las últimas tres centurias.

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