El País de la Mitad: Historias para no olvidar la Historia

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Por: Rosana Encalada Rojas*

«Quien no conoce su historia está irremediablemente condenado a repetirla». Con esta conocida frase quiero iniciar estas palabras porque creo que Rodrigo Aguilar Orejuela quiere, aunque no sé si lo hace de manera consciente, salvarnos de esa condena.

Mas no se trata solamente de un repositorio de la historia o de los hechos políticos, económicos, sociales e incluso deportivos de las últimas cuatro o cinco décadas. El autor aporta una mirada cuestionadora, crítica, clarísima sobre el contexto de cada suceso; de sus protagonistas, los principales y los secundarios; acontecimientos que, en El País de la Mitad, han dejado más víctimas, desconfianza y dolor, que buenos recuerdos. Una historia de malas prácticas, de intereses particulares y corrupción.

Y para mí… desde ese obligado sentir del oficio periodístico, me lleva a reconocer al periodista desde la responsabilidad social y reflexionar sobre las complejas relaciones entre la comunicación y la política en la sociedad contemporánea, y entender desde dónde construimos nuestras historias, qué es lo que contamos, cómo lo hacemos y por qué lo hacemos.

Rodrigo Aguilar y el pintor Jorge Chalco, hacia el año 2000, junto a la obra “Nosotros los malos”, de la serie Los Corruptos, que ilustra la tapa de El País de la Mitad.

Le puedo ver a Rodrigo, a través de sus letras, como un niño cercano a cumplir los 11 años, y me lo imagino corriendo por una de las calles del barrio Las Palmas, allá en Esmeraldas, escuchando a través de los medios tradicionales y de la gente, con la familia y los amigos, lo que ocurría en ese momento en la arena política, al punto de jugar a ser uno de los personajes de la historia que transcurría en ese momento… Esto como un ejercicio de las percepciones que tenemos y de los imaginarios que vamos construyendo desde lo que miramos y escuchamos, especialmente a través de los medios de comunicación, en esa época a través de los medios tradicionales, hoy en día agravada la situación por las redes sociales. E imagino que, desde estas experiencias infantiles y a partir de ahí Rodrigo no dejó de ir tras las historias, no dejó de involucrarse, y de seguro no dejó de indignarse.

Y quizás aquí es que yo discrepo con Víctor Polanco, el comunicólogo mexicano que escribe el prólogo del libro, cuando afirma que Aguilar logra tomar distancia para meditar sobre los hechos. Yo creo que no, y no digo que no los haya meditado, sino que más bien pienso que si tomas distancia ya no escribes, si eres indiferente tampoco lo haces. Más bien es desde esta indignación, desde esta frustración acumulada que Rodrigo hace lo que tiene que hacer… y nos presenta El país de la mitad, que expone en definitiva cómo los políticos han denigrado la política, este arte de la organización social para la toma de decisiones en pro del bien común, ahora visto como una lacra social de la que debemos huir, de la que debemos excluirnos.

Tal es así que el mismo Rodrigo toma una frase de una de las letras de Basca, una banda de heavy metal y trash metal cuencana, que dice: «Sálvate mientras puedas de la política; sálvate mientras puedas de esos hipócritas» (…)

Coyote, Jorge Chalco, de la serie Los Corruptos, 1998.

Durísima admonición, porque esto provoca que deleguemos nuestras responsabilidades como ciudadanos a otros, y lo hagamos mayoritariamente a través del voto. Una democracia representativa, llena de fallas, que se vulnera a sí misma, y prácticamente descarta casi de plano la oportunidad de una democracia más horizontal, una democracia participativa en la que además la contraloría social sea una realidad.

Hoy más que nunca estos textos, estas líneas se vuelven imprescindibles en medio de una profunda crisis no solo sanitaria, como la que estamos viviendo ahora provocada por la pandemia del covid-19, sino una crisis de la misma democracia, una crisis ética, económica, política, social, de una desinstitucionalización profunda y carente sobre todo de liderazgos colectivos que nos lleven a romper el cacicazgo predominante en la política ecuatoriana. Se vuelven imprescindibles, porque estamos próximos a volver a las urnas, llenos además de desconfianza, de incertidumbre.

Estos textos nos llevan además a romper la dictadura del like, a ir más allá de un copy, de los 280 caracteres, de los 20 segundos de un tik tok, de una foto en Instagram, para realmente reconocer que nuestra política vive un círculo vicioso: décadas después, los personajes que Rodrigo nos muestra en su libro desde los años ochenta son los mismos, los mismos que tenemos ahora y están presentes en nuestra política; los vicios son los mismos, y esto no se resuelve en las redes sociales, estas nuevas arenas jamás nos permitirán la profundidad del debate, de la historia; de ahí la importancia de este libro, ahora.

La periodista cuencana Rosana Encalada Rojas, durante la presentación virtual de El País de la Mitad en la Feria Internacional del Libro de Quito 2020.

A propósito de este tema y esta coyuntura, mi hija tiene 16 años y es la primera vez que va a votar. Al principio estaba muy indecisa, pero la convocatoria a la consulta por el agua o en contra de la minería la ha motivado mucho y la animó a involucrarse. Los temas ambientales son los que convocan a los jóvenes, los políticos definitivamente no… Y es por lo que dice Basca en sus letras: aléjate de la política porque la estamos viendo constantemente como algo negativo.

Pero cuando conversamos de estos temas en el contexto electoral, sobre todo considerando que el porcentaje mayoritario de votantes en el Ecuador está constituido por jóvenes que la única historia política que tienen son, con suerte, los dos últimos mandatos y lo que se difunde en redes, que es el medio por el cual se «informan». A partir de algunos proyectos y ejercicios propuestos en el colegio, hemos empezado a hacer algunas lecturas políticas.

Y El País de la Mitad llega como anillo al dedo. Le decía a mi hija: «Aquí está todo, muy bien resumido, lo que necesitas saber; tienes que leerte este libro y ahí vas a empezar a entender cómo ha operado la política desde el retorno a la democracia, desde la década de los setenta, desde su primer presidente, su inesperada muerte; mandatarios derrocados, huidos por corrupción; vas a conocer sobre la organización social, el movimiento indígena… hasta la esperanza en la Constituyente del año 2008, y también para entender su fracaso años después; la violencia de Estado, la represión, la inacabada y dolorosa historia de los hermanos Restrepo, los procesos migratorios, la dolarización, los acuerdos de deuda, el rol del Fondo Monetario Internacional, la campante corrupción en cada mandato…» Y, en medio de todo ello, Rodrigo retoma las alegrías del deporte para todo un país pendiente de los medios, en este contexto oscuro: Jefferson Pérez y medalla olímpica, o la primera clasificación ecuatoriana al Mundial de fútbol, que trajeron más de una satisfacción.

Pero además de todo esto está esa forma de escribir de Rodrigo Aguilar, con esa habilidad tan suya para la crónica, para el ensayo, para contar historias en las que terminamos siendo más que espectadores… Historias que nos envuelven, pero que sobre todo nos convocan a no olvidar la historia, ojalá para no repetirla, para no volverla a repetir. Un libro que necesariamente debemos tenerlo presente, sobre todo en estos momentos de la política.

*Periodista por más de 20 años en radio, prensa y televisión. Licenciada en Comunicación Social, master en Ciencias Sociales por FLACSO. Dirige la nueva propuesta de comunicación digital, Voces Azuayas, que nace del legado de la decana de la radiodifusión en el Azuay, radio Ondas Azuayas, a la que estuvo vinculada desde temprana edad.

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