Álex García: el ecuatoriano que se fue por el mundo

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La caricatura fue mi primer amor, dice convencido el pintor guayaquileño Álex García al evocar los tiempos en que empezaba a incursionar en el mundo del arte, hace más de cincuenta años. Fue precisamente de la mano de ese primer amor que empezó a recorrer primero las calles de su pequeño país, y luego del mundo. Ahí está para corroborarlo, por ejemplo, la anécdota de aquella ocasión en que fue encerrado en una cárcel cuencana, en 1963, por haberse atrevido a exhibir una caricatura de Fidel Castro y Nikita Kruschev, en plena dictadura militar y cuando hablar de Cuba y la Unión Soviética era el camino más seguro a ganarse un anatema, por lo menos, cuando no algo mucho peor: «Al salir de la prisión, luego de ocho días, en vez de salir de la ciudad como habíamos sido conminados, montamos una exposición en el Centro Ecuatoriano Norteamericano Abraham Lincoln, a la que no acudieron más personas que el presidente y la secretaria de esa institución».

Europa

Ese primer amor, que lo prendería ya desde los trece años, no se conformaría con caminar por el Ecuador o andar por los países vecinos, y más bien intentaría hacerlo cruzar el Atlántico con rumbo a Europa. En pleno vuelo no bastó más que una chispa para encender el fuego de su talento, con decenas de pasajeros como combustible: tras agradecer las atenciones de una azafata con una caricatura, minutos después el piloto de la nave, la tripulación y casi todos los pasajeros caían hechizados ante su talento, y lo harían llegar a Madrid con una buena cantidad de dólares en los bolsillos.

 El traslado

Mientras se dispone a plasmar su visión de mi persona en una caricatura (aquella que identifica a este blog), me relata que, como les ha sucedido a muchos ecuatorianos, Álex García nació en Guayaquil y creció en Quito, y más de la mitad de su vida la viviría intensamente en la capital venezolana. A Caracas llegó luego de haber pasado dos años en Colombia, tras un fallido intento de trasladarse a Nueva York. En la capital venezolana estudiaría en la Escuela de Bellas Artes, y una vez ya conocido en el ámbito artístico de esa nación, ganaría reconocimientos como el Premio Nacional de Paisaje «Fernando Valero», en 1983; el Salón de Aragua, en 1985; y el Premio Tejerías, en el año 1986.

Las primeras exposiciones datan de 1963, cuando su amigo Alfonso Palacios Borja (hoy Dimitri Borja) lo invita a exponer en Quito, en la galería Siglo XX, luego en Ambato, Cuenca, Guayaquil y Loja.

Esa incursión en el mundo de la pintura, su otro amor, al que continúa ligado aún (sus cuadros se expusieron durante años en el hotel El Dorado) no significaría el abandono del primero: «Quien no tenga una caricatura mía en Caracas, o no sale de noche o solo se pasa en misa», dice sonriendo.

Pese a todo el tiempo transcurrido en Caracas, y ligado a esa ciudad, con hijos y esposa venezolanos, nunca ha querido nacionalizarse como tal. Ya en su época de madurez incursionó en Derecho y se graduó de abogado en la prestigiosa Universidad Santa María. Sus hijos son todos adultos y profesionales exitosos. Será por la nostalgia de los años o por ese secreto llamado de la tierra, que a comienzos del nuevo siglo anunciaba que había decidido radicarse en su país y en la ciudad que lo vio crecer. Pocos años después, caricaturas suyas aparecían y desaparecían en las manos de cientos de mexicanos que caminaban por el Zócalo.

Con tantos años en Venezuela, recordaba haver visto también cómo el gentilicio ecuatoriano fue pasando de un prestigio bien ganado a una reputación por la cual en los años en que retornó a Cuenca, hacia la época de la peor crisis del país, se nos veía como ciudadanos de tercera: «En Caracas hay un barrio llamado Guayaquilito, en el que viven en su mayoría ecuatorianos que se dedican a la delincuencia. Es un sector donde hasta a la propia policía le cuesta ingresar», rememoraba argumentando que esa sería una de las causas por las que los ecuatorianos han sido mal vistos en Venezuela, «porque esta gente ha sentado un mal precedentes para el resto de compatriotas a quienes sí les interesa trabajar honradamente».

Personajes

Algunos de los personajes dibujados por García, han sido el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, el ex presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, el torero Antonio Ordóñez, el actor Pierce Brosnan, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, el pintor también colombiano Fernando Botero, la legendaria y despampanante bailarina Yolanda Montez, mejor conocida como Tongolele, el cantante Marco Antonio Muñiz, el popular actor mexicano Chabelo, o el ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, a quien admira este pintor criollo con una mezcla de acentos, entre quiteño y caraqueño, que se precia de haber conocido también a figuras tan populares como el Faraón de la Salsa Óscar de León.

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Rodrigo Aguilar Orejuela, a los 31 años, en una caricatura de Álex García.

A mediados de 2001 expone en Cuenca y otras ciudades obra creada en el país, compuesta de paisajes urbanos y rurales, retratos y bodegones “que por lo general suelen venderse bien”. En una etapa anterior, en Venezuela, hizo también pintura abstracta, pero ha preferido mostrar en Ecuador la primera, porque, sobre todo en los nuevos círculos y generaciones, ha sido un desconocido, como consecuencia de su largo extrañamiento.

En la conmemoración de su medio siglo de vida artística, su natal Guayaquil lo acogió con honores y le permitió exponer en el Museo Municipal, hacia finales de 2014, con una exposición en torno a Don Quijote de la Mancha, titulada Don Quijote a la Carta, que al mismo tiempo se presentaba reproducida en mazos de naipe o cartas. Lo último que se ha sabido del inquieto e incansable Álex, el ecuatoriano que se fue por el mundo, hoy ya todo un setentón, es que se lo vio bajando a toda velocidad, subido en un trineo, a comienzos de 2016, en el centro de esquí de Valdescaray de La Rioja, en España.

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(fotografía: Ángel Aguirre – El Universo)

 

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Nela Martínez: transgresora del ordenamiento social

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Tuve siempre la vaga y confusa convicción, casi como parte de una leyenda familiar perdida en el olvido, de que cuando vi por primera vez la luz de este mundo el médico que asistió a mi madre fue el doctor Paredes. A casi 36 años de ese hecho particular, en función de este texto y decidido a esclarecer, de una vez por todas, la verdad, me atreví a preguntar. De inmediato comprendí, con algo de decepción, que no fue así. En efecto, mi madre dio a luz asistida por este médico de enorme prestigio en la provincia de Esmeraldas, pero quien nació entonces no fui yo sino mi hermano.

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Años más tarde, ya en el colegio, compartiría aula y camaradería adolescente con uno de los hijos de Paredes, Mauricio, poco tiempo después de que el galeno salvara la vida del autor de esta nota, pero esta vez por una travesura de muchacho. Aunque por entonces no lo comprendía así, con el transcurrir de la vida llegué a asumir que había nacido de nuevo, y que esta vez el “partero” sí fue el doctor Paredes. Pero no sería sino hasta los 17 años, cuando ingresaba a militar en la Juventud Comunista, en Esmeraldas, que me percataría de quién era en realidad el doctor Leonardo Paredes Martínez, hijo del fundador del Partido Comunista y de una de las más grandes mujeres que ha dado el Ecuador.

El 24 de noviembre de 1912, bautizada como Mariana de Jesús Martínez Espinosa, nació en Coyoctor, en un hogar profundamente católico y conservador de la provincia del Cañar, quien con el tiempo se convertiría en toda una leyenda viviente de la historia ecuatoriana y latinoamericana: Nela Martínez Espinosa. Su numerosa familia se dispersará luego por lugares como Cuenca, en donde su hermano Gerardo, conservador y católico, llegará a convertirse en Gobernador del Azuay, y una de sus sobrinas-nietas, María de los Ángeles, entrará con pie firme y derecho en las letras ecuatorianas, gracias a su agudo y peculiar talento literario.

Mediante entrevistas y diálogos, Alexandra Ayala y Ximena Costales escribieron y editaron Yo siempre he sido Nela Martínez. Una autobiografía hablada, publicado en 2006 por el Consejo Nacional de las Mujeres, casi dos años después del deceso de la gran luchadora cañarense.

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A manera de testimonio narrado por la propia dirigente, va apareciendo a los ojos del lector su vida: sus primeros años en Cañar; su traslado a estudiar la secundaria a Cuenca, al colegio de los Sagrados Corazones, de donde regresaría tres años más tarde “sin diploma alguno porque en ese entonces no se acostumbraba graduar a las mujeres”; su vida en Guayaquil, en Ambato y en Quito; su matrimonio con el escritor comunista Joaquín Gallegos Lara; su romance con el fundador del Partido Comunista del Ecuador, Ricardo Paredes; su lucha a través de los sindicatos, junto a los obreros, junto a las mujeres; su labor pionera en la defensa de los derechos de la Mujer; su lucha luego acompañada por otro líder comunista, el francés Raymon Meriguet; la Gloriosa del 28 de Mayo de 1944. Una serie de hechos y episodios de los que ella fue de una u otra forma protagonista o testigo.

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Se trata de un libro fundamental para comprender el pensamiento y el camino seguido por Nela Martínez, no solo desde la óptica de lo histórico sino inclusive de lo literario y cultural, como fue su relación con Joaquín Gallegos:

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Con el escritor y dirigente comunista Joaquín Gallegos Lara

Lo vi por primera vez detrás de un escritorio. Tenía una voz poderosa, unos hombros gigantes, un busto muy fuerte. Dominaba completamente el escenario donde se encontraba, tanto por su fuerza vocal como por la fuerza de su inteligencia. Indudablemente, era un hombre que impresionaba muchísimo y debió impresionarme a mí que andaba buscando en ese momento caminos y salidas. Él había publicado Los que se van.

Yo siempre he sido Nela Martínez, obra con la que el Consejo Nacional de las Mujeres inició la serie Biografías de Mujeres Ecuatorianas, es no solo un homenaje a una de las mujeres más influyentes de la historia ecuatoriana y latinoamericana, sino sobre todo un testimonio de la historia nacional a lo largo del siglo XX. Se trata del primer libro de una serie y de un proceso editorial biográfico destinado a recuperar la historia y la trayectoria de mujeres valiosas que, a lo largo de la vida republicana del Ecuador, enfrentadas al poder establecido, trabajaron y lucharon por la igualdad, la justicia y la paz.

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En esa intensa búsqueda de fronteras, de caminos, de nuevas experiencias, la conciencia proletaria y de clase de Nela van consolidándose, y su bregar cotidiano la lleva a departir, luchar y discutir junto con figuras claves de la cultura y la política de avanzada de entonces: Alfredo Pareja Diezcanseco, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert, Alfredo Palacio (escritor lojano, maestro de la Escuela de bellas Artes de Guayaquil, padre del ex Presidente interino que reemplazó a Lucio Gutiérrez), Pedro Jorge Vera, Alba Calderón, Gustavo Becerra Ortiz.

Al ser una mujer que “no funcionaba con las típicas reglamentaciones de la vida social”, puesto que trabajaba con obreros y campesinos, y creía en la necesidad de transmitir un pensamiento revolucionario para que cambiara la sociedad, esta admiradora profunda de Manuela Sáenz se relaciona afectivamente con Ricardo Paredes, fundador del Partido Comunista del Ecuador. De esa relación nacerá su primer hijo, Leonardo, quien con el tiempo se convertirá en un prestigioso médico radicado en la provincia de Esmeraldas, como antes había hecho su padre:

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Ricardo Paredes, médico ecuatoriano fundador del Partido Comunista del Ecuador

Este hijo mío, Leonardo Paredes, nació de una relación de amor. Debo aclarar que aquello que me atrajo de Ricardo Paredes, su padre, fue su apostolado y también su bondad para tratar los dolores y las miserias de los más desposeídos. Él era médico, y en lugar de asentarse en una sola ciudad y prosperar, como se esperaba de un profesional, solía ausentarse a distintas provincias del país y avecindarse en el lugar menos esperado, por ejemplo Esmeraldas, para dedicarse un tiempo a su profesión, y otro, a ir estructurando el Partido Comunista en aquel sector.

En las páginas de esta obra aparece la historia nacional, con sus conquistas y fracasos; la transformación que se va operando en el país a nivel de la lucha femenina por conquistar sus derechos, y cómo ese ejemplo va irradiando hacia América Latina. La “Gloriosa” de mayo de 1944, uno de los episodios más trascendentes de la historia ecuatoriana, verá la participación de Nela de una manera peculiar, pues prácticamente será la primera vez que una mujer esté al frente del Ministerio de Gobierno. Como delegada por la Confederación de Trabajadores del Ecuador CTE, Nela había previamente participado en la fundación de la Alianza Femenina Ecuatoriana AFE, movimento que apoyaba la revolución. A continuación la decepción que causó luego el ascenso contrarrevolucionario de José María Velasco Ibarra, a quien se entregó el poder político en bandeja de plata.

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A ello se agrega su experiencia internacionalista, a través de la cual impulsó la unidad y el despertar de las mujeres del continente hacia la conquista de sus derechos, además de que ayudó a formar el Partido Comunista en lugares donde no había sido posible. Esa lucha internacional la llevaría a un periplo por diferentes países de América y Europa, y terminaría codeándose, por el respeto y el prestigio que como luchadora ganó, con personajes como Pablo Neruda, Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Manuel Marulanda, Andrés Pastrana; es decir, personajes de la historia latinoamericana.

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Nela junto al comandante Fidel Castro

Por su trayectoria se la calificó como “Mujer del Siglo”, y se le entregó la presea “Manuela Cañizares”, por parte de la Municipalidad de Quito, y la condecoración del Congreso Nacional. El 30 de julio de 2004, luego de un largo y doloroso tratamiento brindado solidariamente por el gobierno cubano y el personal médico especializado del Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas de La Habana, falleció la luchadora ecuatoriana, la Nela.