Héctor Lavoe: el Cantante de los Cantantes

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En 1946 nacía en la ciudad sureña de Ponce, en Puerto Rico, el pequeño Héctor Pérez Martínez, él solo todo un capítulo en la historia de la música latinoamericana del siglo XX. En la adolescencia desarrolló una prodigiosa voz con la que se lucía en reuniones de amigos, hasta que decide formar un pequeño grupo de diez músicos, con el que llegó a ganar, según cuentan, hasta 18 dólares por noche. Pero el joven Héctor sintió el impulso indomable de hacer algo con su vida y decide partir a Nueva York, sin el apoyo de su padre: uno de los hermanos, que había hecho lo mismo antes que él, terminó adicto a las drogas y asesinado.

Cuenta la casi mítica historia que no llevaba ni dos semanas en la capital del mundo cuando fue invitado al ensayo de un grupo en formación, al que sorprendió con la fuerza y la claridad de su voz. Se une a ellos y luego a varias agrupaciones más, hasta el momento decisivo en que lo encuentra Johnny Pacheco, el músico dominicano que se convertirá también en leyenda e influirá en tantos otros. A través de él conoce a Willie Colón, y ambos forman una de las parejas musicales más importantes de la Salsa. El cantante de los cantantes, como pronto se lo llamaría, comienza a utilizar el nombre de Héctor Lavoe (apócope de la voz), con el que escribiría algunos de los más grandes episodios de este género musical.

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El éxito lo marearía a tal punto que, siete años más tarde, Willie Colón decide desintegrar la banda, por los problemas de drogas y vida desordenada de Lavoe. Aparecía en las presentaciones retrasado, sobre-estimulado, y a veces ni siquiera llegaba, pese a lo cual su público continuaba adorándolo. “El Rey de la Puntualidad” inmortalizaría, con humor e ironía, estas situaciones.

Cada nuevo disco suyo se convertía en rotundo éxito, y memorables son sus presentaciones, algunas de ellas verdaderamente apoteósicas y multitudinarias, como cuando en 1986 logró reunir, en el estadio de Lima, a más de cien mil personas.

Su vida estuvo signada siempre por la tragedia: la muerte de su madre, la de su hermano; el asesinato de su suegra y el de su hijo de 17 años (hecho del que nunca se recuperaría), su caída del noveno piso del hotel Regency en San Juan de Puerto Rico (no se sabrá nunca si voluntaria, accidental o provocada por alguien más); además de su fatal adicción a las drogas que, según algunas versiones, le llevó al mundo del SIDA luego de una dosis intravenosa. Esta última versión, la del sida, es todavía negada por muchos de sus fanáticos.

En marzo de 1993, un maltratado Héctor hemipléjico del lado izquierdo de su rostro, cojeando de la pierna izquierda, hace su reaparición en el escenario del club Las Vegas, en Manhattan. El esfuerzo del cantante se pudo apenas apreciar en las pocas canciones que pudo cantar debido a su parálisis facial. Pero no era El Cantante; eran rezagos de él. El final del hombre no tardaría en llegar meses después de esta presentación, un martes 9 de junio de 1993. Héctor tenía 46 años. Los médicos del hospital Saint Claire de Nueva York certificaron su deceso. Entre el Terence Hospital y el Saint Claire transcurrieron sus últimos días, casi ya sin dinero y ayudado económicamente por sus amigos.lavoe

Miles de seguidores fueron a darle el último adiós hasta la funeraria. Hasta allí llegaron también Johnny Pacheco, Andy Montañez, Gilberto Santa Rosa, Rubén Blades y Celia Cruz. Willie Colón llegaría para el entierro. La gente escuchaba sus canciones y le daba vivas y palmas en las calles. Casi una década después de su deceso, en el año 2002, los restos del Cantante de los Cantantes, fueron finalmente sepultados en  Ponce, Puerto Rico, donde su gente le daría el adiós definitivo. Este viernes, 30 de septiembre, La Voz habría cumplido 70 años.

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