Edgar Vivar: cuando Ñoño se despidió de Latinoamérica

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“Alguna vez dijo un filósofo nada de la actividad humana me es ajeno, y sobre eso es lo que va a versar la plática. Yo no soy conferencista, va a ser una plática nomás, y voy a hablar de lo único que sé, que es mi vida, en la que he tratado de dominar tres aspectos del quehacer humano: medicina, humor y humanismo”. Así se refería el actor mexicano Edgar Vivar a la charla que se preparaba a compartir con los alumnos de la Universidad del Azuay, a su paso por Cuenca, durante las festividades de independencia de la ciudad.

Conocido por haber interpretado durante 25 años a varios de los más populares personajes de la televisión mexicana, y por extensión latinoamericana, Edgar Vivar llegó a Cuenca para presentar una vez más al querido Ñoño, al cual despidió precisamente en esta ciudad. Dueño de una fuerte personalidad, Vivar es mucho más que el actor cómico que acompañara al inmortal Chespirito en la televisión. Su amplia cultura humanística lo convierte en una figura muy interesante a la hora de charlar con él en una entrevista exclusiva para Qué Nota. Por ello, él mismo todo un personaje, no dejó de sentir cierta indignación al haber sido interpelado, antes que entrevistado, por la periodista de algún importante medio local que, a decir de este admirador de Buñuel y Spielberg, de Los Beatles y de Ravel, “tenía un coeficiente intelectual inferior a la suela de un zapato.”

La vida y la carrera de Edgar Vivar, huelga decirlo, están signadas por lo que fue su trabajo junto a Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, cuyos programas son un clásico latinoamericano inclusive en países no hispanos como Brasil.

Los personajes de la Vecindad del Chavo: Quico, Doña Florinda, La Bruja del 71, Don Ramón, el Profesor Jirafales, el señor Barriga, la Chilindrina, y el Chavo.

Los personajes de la Vecindad del Chavo: Quico, Doña Florinda, La Bruja del 71, Don Ramón, el Profesor Jirafales, el señor Barriga, la Chilindrina, y el Chavo.

Rodrigo Aguilar: ¿Cómo explicas la vigencia de ese fenómeno sociológico, que es todo un clásico televisivo?

Edgar Vivar: Yo creo que es muy universal en su contenido. En todas partes siempre habrá un niño que no es muy brillante intelectualmente porque está mal alimentado, o habrá una mujer que esté echando a perder a su hijo porque lo sobreprotege, y habrá un señor que no pague el arriendo, sobre todo en nuestra América Latina. Pero no solamente en América, porque si tú bien mencionabas que en Brasil ha sido traducido al portugués, el programa está en cerca de 43 países. Ha sido traducido al tagalo, al marroquí, al italiano, y en todos lados ha tenido éxito, porque yo creo que apela a situaciones y a personajes muy universales.

R.A.O. A ello podría agregarse que sus personajes infantiles son totalmente verosímiles. La gente cree que son niños y eso es algo que no cualquier actor logra. Esa conjunción de talentos fue también muy especial, histórica inclusive.

E.V. Concuerdo contigo. Fue una serie de circunstancias muy afortunadas. Tener un magnífico libreto, que es la verdadera estrella del programa. Siempre lo señalo porque esa es la verdad. Había un balance entre todos los personajes, y es lo que admiro yo en Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, que pudiendo haber escrito lo mejor para él, lo repartió generosamente entre todos sus personajes. Una prueba fue Kiko (Carlos Villagrán), quien duró ocho años en el programa, nada más, y se separó por decisión propia cuando más se lucía su personaje. Eso fue porque Chespirito lo escribía, porque el programa lo demandaba. Y cuando él salió del programa nunca tuvo el mismo éxito. Repitió el mismo personaje, estuvo en Venezuela, Chile y Argentina, y jamás igualó el éxito y la penetración que tuvo con todo el equipo del Chavo.

Pero ya hacia el final de los 25 años que duró el programa, era visible cierta decadencia…

Eso es lógico después de 25 años, aunque también depende de lo que tengas tú por decadencia. Hay que renovarse. Yo hablo de lo general a lo particular. En mi caso, estoy despidiendo el personaje de Ñoño porque ya no me siento a gusto haciéndolo. Adoro mi personaje, lo quiero mucho pero también soy realista: ya tengo más de 50 años y no puedo estar haciendo un personaje de un niño de nueve años, por respeto al público, por respeto a mí mismo y, sobre todo, por respeto al personaje. Y estar haciéndome competencia a mí mismo, a los ojos de algunas personas podría llamarse decadencia.

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Entre tus personajes, Ñoño, el señor Barriga, el Botijas, ¿cuál es el que preferías o aquél con el que más te identificabas?

¿Tú tienes hijos?

Sí.

¿A cuál quieres más…? El señor Barriga me dio la oportunidad de proyectarme, de ser conocido. Ñoño es un personaje al que amo entrañablemente porque es tocar mi niño interior y ponerme como los niños. Y Botija es un personaje muy libre, que me permite jugar también con una serie de situaciones.

Aunque el Botijas luce más cándido que el anterior, el Peterete, que era interpretado por Ramón Valdez…

Sí, bueno, es todo un caso. Los caquitos son un tema de análisis, no quiero decir profundo pero sí muy concienzudo. En ese entorno nunca fueron realmente ladrones. Eran ladrones frustrados, que hacían el bien sin proponérselo.

¿Te costó más el personaje de Ñoño, porque había que hacerlo verosímil, en tanto niño, ante los ojos del público?

Nunca me he detenido a pensar en eso. Yo soy un actor de vivencias, un actor vivencial. Creo en lo que estoy haciendo, y realmente en el momento que me desprenda y vea yo si estoy haciendo el ridículo o no, dejaría de tener veracidad.

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Pero el programa también debió haber tenido críticas en México.

Como todo. Yo te puedo decir que nadie es profeta en su tierra. El fenómeno del Chavo comenzó en México y se fue extendiendo como las ondas de agua cuando dejas caer una piedra en un lago. Empezó a expandirse en toda América, y a pesar de las críticas y todo hoy se sigue transmitiendo en México, lo mismo que en Guatemala, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Panamá… y hemos recorrido toda América, puede decirse que desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

¿Qué hacías tú, como actor, antes del Chavo del 8?

Hacía comerciales para la televisión. Para mí hacer comerciales era, valga la redundancia, comercializar algo que hacía yo por gusto. Yo empecé haciendo teatro en la universidad. Fui parte de la compañía de teatro universitario, cosa que hacía por placer. Empecé haciendo teatro cuando estaba en la preparatoria, porque tenía que llevar una actividad estética a fuerza, y nunca lo hice. Entonces, en el último año, el director me insistió en hacerlo porque, si no, no iba a poder graduarme. Y en el único grupo donde había lugar todavía, pues ya estaban copados fotografía, canto y modelado, era en teatro. Bueno, sí me gustaba el teatro, pero como espectador jamás pensé que iba a subir. Yo no quería darme la oportunidad. Estaba muy acomplejado por muchas cosas. Para subir al escenario me insistieron tanto, tanto, tanto, que ya nunca me bajé. Es decir, seguí haciendo teatro en la preparatoria y después en la universidad. Estudiaba la carrera de medicina y estudiaba la carrera de licenciado en arte dramático, de la que no me desligué.

¿Y cómo se origina tu paso a la televisión?

Un día, un cazatalentos me vio para hacer un casting para un comercial. Me insistió, pero el hecho realmente se dio porque andaba yo con una muchacha que sí quería ser actriz. Ella fue la que me llevó al casting, y no se quedó en el comercial sino que me dieron el papel a mí. Estamos hablando de 1970. Me escogieron para ese y luego no fue uno sino muchísimos los que hice, y para mí era como un aliciente económico muy importante, porque en esa época estaba haciendo el internado y me pagaban 900 pesos por un mes de trabajo, mientras que por un día de trabajo haciendo comerciales me empezaron pagando 2000 pesos. Entonces no había que pensarlo mucho.

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¿Cuándo y cómo aparece Roberto Gómez Bolaños?

A raíz de todos estos comerciales, un conocido mutuo nos contactó. Fui a verlo, me dijo que me había visto en los comerciales, que le parecía yo buen actor, y me preguntó si me gustaría trabajar en la televisión. Además me preguntó si sabía usar el apuntador electrónico. Y yo, ¿qué es eso? Ah, bueno, perfecto– dijo-, vente que aquí no usamos apuntador electrónico. Tú eres gente de teatro.

¿Y en qué edad estaban ambos por entonces?

Él es 21 años más grande [mayor] que yo, y yo tenía 20 años en aquella época.

¿Cuál fue el primer personaje, el del señor Barriga?

El primer personaje fue un re-make en un pequeño sketch del doctor Chapatín, donde tenía que decir únicamente un par de frases, pero tenía que llevar cierto ritmo. El ritmo de comedia es muy difícil, hay que sentirlo. Por eso no usamos el apuntador electrónico.

¿Cómo fue la relación entre todos los actores?

Como la de una familia. Y eso quiere decir que también había diferencias, pero la mayor parte del tiempo nos llevábamos bien. No hubo ninguna diferencia que la razón o el diálogo no pudieran salvar, no pudieran limar.

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Siempre se me ha antojado que las cachetadas de doña Florinda fueron las que mataron a don Ramón…

(ríe a carcajadas)… No lo dudo, esa es la impresión. Mucha gente escribía diciéndole a don Ramón que se vengara, y eso demuestra que siempre la víctima tiene más fuerza. Eso lo podemos ver en las telenovelas: la protagonista siempre es desvalida, débil y tonta; y la mala es fuerte, más inteligente. El programa, inconscientemente, no tiene personajes polarizados: ni somos totalmente buenos ni totalmente malos. Todo mundo tiene un viso de oscuridad y un viso de luz. Uno se vuelve victimario y víctima, como en la vida. Y eso se daba inconscientemente. Esto que te estoy diciendo es una conclusión que he sacado a través de los años. Por ejemplo, si tú te metes en internet, y ves la gran cantidad de material escrito sobre el Chavo. En Brasil es impresionante la cantidad de páginas que existen en idioma portugués.

Creo que se ha llegado al nivel de estudios sociológicos…

Desde luego, a eso iba: estudios sociológicos y psicológicos. Ahora que estuve en São Paulo, el 11 de septiembre precisamente, se acercó a mí un grupo de muchachos que están haciendo su tesis profesional sobre eso, sobre el Chavo como fenómeno, para tratar de explicar qué es lo que tiene que ha llamado la atención en más de 300 millones de personas.

¿Te consideras un ser privilegiado al haber tenido la oportunidad de compartir con ese grupo de personas?

No me gusta contestar a una pregunta con otra pregunta, pero ¿tú que crees? […] Muy privilegiado. Es un regalo de la vida que lo estoy disfrutando aún hoy en día.

¿Por qué tomaste la decisión de trabajar en un circo?

Porque es un reto para mí.

¿Sabes que no todo el mundo lo ha visto bien?

Me basta y me sobra con que yo lo vea bien. No puedes darle gusto a toda la gente. Considero que la gente que no lo vea bien no irá al circo. Y te puedo decir que la gente que lo ve bien abarrota el circo. Porque hay muchas personas que no tienen oportunidad de ir a un teatro. Hay mucha gente que piensa que la televisión es algo mágico. Me refiero a los niños, a quienes en un momento dado se les cumple un sueño. ¡Los sueños se hacen realidad! Y para mí como actor es un reto tener a la gente tan cerca, estar trabajando en un lugar que no es un teatro y hacerles creer que están creyendo que yo soy un niño.

¿Te dejó mucho dinero el trabajo junto al elenco de Chespirito?

Mira, gané mucho más dinero del que pensaba yo ganar en esto, pero infinidad de veces mucho menos de lo que la gente piensa. Realmente la gente no paga (y tú me podrás dar la razón, o tus lectores) por ir a ver a un actor. Paga por ir a ver y escuchar a un cantante, y me estoy refiriendo a las grandes cantidades de dinero. Paga por un grupo de rock que se presenta en grandes estadios. A esos sí se les pagan sumas millonarias. Yo vivo bien, holgadamente. Me pienso retirar en dos años. Pero el dinero viene por sí solo, cuando realmente no lo buscas. Esa es mi filosofía. Te repito, gané mucho más de lo que pensé que iba a ganar en esto, pero miles de veces menos de lo que la gente piensa.

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¿Encuentras muchas diferencias entre la niñez de los setentas y la actual?

El mundo es distinto, y también creo que se ha abusado de la manipulación, por la misma televisión. Haciendo una pequeña abstracción de esto, la televisión parece ser el invento que más marcó a la humanidad. No estoy en contra de ella sino del uso que se le ha dado. A través de ella a los niños de este siglo se les da mucha información, y como que se les obliga a madurar muy pronto. Se promueve en ellos actitudes de gente adulta. Se descuida mucho el aspecto lúdico del ser humano.

Sé que estás trabajando en una producción.

Quiero lanzarme a otros planes de la actuación, del medio artístico. Si bien ya había dirigido teatro y algunos cortos, estoy ahora incursionando en la co-producción de una serie para la televisión. Están muy interesadas HBO y Olé, y la vamos a vender a Telemundo. Es una miniserie de 24 capítulos, cada uno de los cuales tiene un final insólito e imprevisto. La serie se llama Postdata, y se está haciendo en Buenos Aires.

¿Vuelves a actuar en esta producción?

Sí, me di el lujo de actuar en un capítulo.

Imagino que a estas alturas te deben resultar muy diferentes a los de hace treinta años, los recursos, técnicas y efectos televisivos.

Cómo no. Yo veo los programas de televisión que hacíamos nosotros y eran totalmente rudimentarios, y se veía bien. Se utilizaba el chroma key por primera vez en México, para incrustar imágenes, algo que ahora se hace con la mayor facilidad del mundo. Cuando hicimos Blanca Nieves y los Siete Churichurinfunflais, que aquí lo acabo de volver a ver, estuvimos 15 días trabajando, aunque la duración de ese programa fue de una hora. Teníamos problemas de iluminación por los que a veces debíamos pasar hasta tres horas de pie para que se terminara de iluminar una escena que duraba solo dos o tres minutos. Ahora es un poquito más fácil.

¿Cuáles son, para ti, los más grandes actores cómicos mexicanos?

Cantinflas era muy buen actor cómico, y tenía a un humorista de cabecera, que era Carlos León. Él era quien le escribía todos sus diálogos. Cantinflas era un cómico verbal. Tintán era muy espontáneo. Me quedo con las primeras épocas de ambos. Hay otro actor que no es muy conocido en el Ecuador; se llamaba Joaquín Pardavé. Era un excelente actor, que tocaba el humor y tocaba el melodrama. Era compositor y fue director de cine y teatro. Y Roberto Gómez Bolaños, que es una persona a quien yo admiro mucho. Ha incursionado en varios géneros literarios. Lo que más se ha conocido de él ha sido la comedia, pero ha escrito teatro y acaba de escribir un libro de sonetos.

¿Se mantienen ustedes en contacto?

Sí, constantemente.

Más allá de tus pasiones como médico y actor, ¿qué otras cosas te apasionan?

La lectura, por ejemplo. Soy muy ecléctico pero me apasionan las biografías. Me gusta mucho leer acerca de personajes famosos y no tan famosos.

¿A quién admiras?

A mucha gente. Te podría mencionar a Henry Ford, Albert Einstein (a quien me hubiese gustado conocer).

¿Y has llegado a conocer alguno de los personajes que admiras?

Sí, conocí a León Felipe, un poeta español refugiado en México, que escribió Este viejo y destrozado violín. Un tipo con una poesía muy hermosa, que para mí fue muy emotivo conocer, porque él ya estaba muy grande [mayor]. Y, bueno, la sensación que te puede dar la ilusión de una persona que conoces a través de su trabajo literario. Me remito a lo que te dije hace un momento: los sueños se cumplen. Otra persona a la que admiraba, y con quien tuve la oportunidad de conversar, fue Libertad Lamarque. La admiraba no tanto por lo que cantaba sino por su valor en el aspecto político, su abandono de la Argentina, todo eso. Me interesaba mucho conocerla.

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León Felipe, poeta español exiliado en México, a quien Edgar Vivar admira y llegó a conocer.

La gran actriz argentina Libertad Lamarque

La gran actriz argentina Libertad Lamarque

Una faceta algo desconocida de tu vida fue la periodística. Cuéntame al respecto…

Pues sí, una de las partes que más disfruté de mi vida fue el periodismo, en el que también incursioné. Durante algunos años estuve trabajando en la gaceta universitaria, en un suplemento cultural que se llamaba La Cobra, y yo hacía entrevistas. Así pude entrevistar a Dolores del Río, a otra señora que se llamaba Tamara Garina, a mucha gente.

¿Qué tipo de música escuchas?

Me gustan mucho los impresionistas:  Claude Debussy, Ravel. Y también en la pintura me gustan los impresionistas. El impresionismo lo revolucionó todo: influyó en la pintura, la música, la literatura. Era una manera diferente de ver la realidad, y no por eso deja de ser válida.

¿Y la música popular?

No soy muy afecto a la música popular. Me gusta la música new age. Y, en mi juventud, básicamente Los Beatles.

¿A nivel de cine?

Mucha gente. Uno de los directores que más admiro ha sido Luis Buñuel.

¿Llegaste a conocerlo?

No. Conozco a su hijo. No, no tuve la oportunidad. Pero tengo muchos compañeros actores que trabajaron con él: Silvia Pinal, Joaquín Andere, a quienes siempre pregunto cómo era Luis Buñuel. Admiro también mucho a Hitchcock. Me gusta el cine de Steven Spielberg. Me gusta todo el cine de Hollywood de los años cincuenta, desde el cine negro hasta las comedias musicales. El cine francés de la nueva ola; el cine argentino actual; el cine que se está haciendo en México creo que va por muy buen camino.

¿Crees que México tuvo su época de oro del cine?

Sí, fue una oportunidad dorada, porque durante los años cuarenta, cuando estaba la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos dejaron de hacer películas en grandes cantidades para hacer material de guerra. Entonces México supo explotar esa oportunidad. Un hombre, Emilio “Indio” Fernández, junto al fotógrafo Gabriel Figueroa, empezó a hacer tomas costumbristas, muy mexicanas, con magueyes y cielos con nubes. Era un cine muy pictórico y poético, que empezó a interesar fuera de México, hasta entonces un país desconocido. Fue una oportunidad dorada, y se le puede llamar de oro porque sí entró mucho oro a México, y les dio proyección a muchos actores. Realmente creó estrellas de cine que, curiosamente, siguen todavía vigentes gracias a la televisión. Ese ha sido el vehículo para hacer permanentes esas imágenes.

Chespirito y Edgar Vivar, interpretando al Chavo y a Ñoño en la vecindad.

Chespirito y Edgar Vivar, interpretando al Chavo y a Ñoño en la vecindad.

¿Tus sentimientos al despedir a Ñoño, precisamente en Cuenca?

No dejo de derramar una lágrima, pero no de tristeza sino de nostalgia. Es como decirle hasta siempre, y es la manera como lo despido durante el espectáculo: ¡Hasta siempre Ñoño!

Revista Qué Nota, No. 13. Pgs. 19-22.

Cuenca, Ecuador, noviembre de 2003

Diego Sojo: un trovador consecuente con su canto

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Sin haber tenido mayores referentes de su actividad musical, imaginaba siempre que era uno de tantos trovadores centroamericanos recorriendo el mundo con can­ciones que nunca saldrían del anonimato. Hace algún tiempo me visitó para anunciar un concierto y la aparición de su nuevo material, a la vez que me daba una dirección (www.cosmovisiones.com/diegosojo) para que supiera algo más de su trabajo y hasta escuchara una de sus canciones, Brochas Gordas, que pude bajar en mp3.

Tiempo después me envió una cinta con todo el material incluido en “Brochas Gordas”, más algunos te­mas que supongo son parte del nuevo disco. A los pocos días me llama para preguntarme sobre el cassette y para anun­ciar la presentación de su nue­vo grupo. A la interrogación respondí con un inseguro “me parece interesante” para salir al paso y cambiar de tema. En realidad no había escuchado el trabajo. Lo hice la noche en que su grupo era presentado en un bar de Cuenca, pero no allí, sino frente a mi propio minicomponente y en la soledad de mi sala.

La música de Diego Sojo es en realidad el mejor ejemplo de lo que nos falta hace rato, de la calidad y la originalidad, de la frescura y el ingenio, del talen­to y la seguridad plasmados en un trabajo frente al que apela­tivos como fantástico son aún insuficientes. El espectro mu­sical de Diego es tan amplio co­mo su talento: desde el folclore latinoamericano, pasando por una suerte de rock’n’roll de los sesentas con bate­ría desenfadada, con letras en torno a lo urba­no pero matizadas con trazos de rebeldía contra la incomuni­cación de la era de la comunicación (¿de qué me sirven los besos que mandas por internet?).

Costarricense radicado en Cuenca, Diego es la perfecta conjugación de un músico y de un poeta, es decir todo un trovador de nuestros tiempos que va entregando su canto, su mensaje, su abrazo de hermano y su palabra esperanzadora de amigo por cada uno de los caminos por los que transita. Y esos caminos comenzó a recorrerlos, a trazarlos más bien, desde su natal San José hacia mediados de los años noventa, componiendo e interpretando canciones de calidad que no permiten resquicio alguno ni para la mediocridad ni para la pereza mental. Aquí la primera parte de un diálogo que no veía su fin…

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Diego Sojo es todo un personaje de la movida cultural cuencana. Sin él no se explicaría mucho de lo que ha acontecido en los últimos años en Cuenca, a nivel de lo que más o menos se conoce como canción alternativa, como los conciertos de Alejandro Filio, Frank Delgado, Vicente Feliú o María Pretiz. O, para mencionar otro ejemplo contundente, el impulso al movimiento de la “Trova de los cuatro ríos”.

Lo conocí hace algunos años ya cuando el suscrito fungía de capo del periodismo cultural de la región, por aquello de que la elevada dosis de tradición del público morlaco le hace preferir, a la hora de informarse o desinformarse, según la perspectiva, a cierto medio, aunque consideraciones más importantes como la calidad no sean precisamente tomadas en cuenta.

Más allá del personaje Diego Sojo, el artista, en torno al cual hasta parece irse construyendo una leyenda, está sobre todo el DS ser humano, el amigo, el pensador, el existencialista. En suma, el Diego que está detrás de canciones con profundos contenidos y reflexiones vitales, en las que se habla de la naturaleza, de la tierra, de la vida y la muerte, del tiempo, del amor, del no morir en vida. El flaco melenudo que un día decidió dejar su natal San José para percatarse, él mismo, de que el mundo es más grande y de que las fronteras deben ser comunicadas, contactadas, estrechadas y, por último, desechadas. Con sus cuatro maravillosas producciones, aunque no es el tipo de música que colma los escenarios, el suyo es un trabajo en realidad angelical, el de alguien que tiene una misión en la tierra y así lo está comprendiendo y asumiendo.

En realidad la amistad no siempre es un buen material conductor para una entrevista. En medio de bromas y de aparentes tensiones derivadas de no saber cómo empezar el diálogo, opto por iniciarlo con interrogantes en torno a ciertas pasiones comunes. Conversador inagotable, lo que viene a continuación es apenas un extracto de una conversación que parecía no tener fin.

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– ¿Qué piensas de la legalización de la marihuana?

– En realidad el problema seguramente nació de la prohibición que originó el mercado textil. Porque ha sido una materia prima muy buena para telas, sogas, papel; tiene mucha fibra y es un producto de alto rendimiento. En un momento dado, con la industria incipiente del nylon y el algodón, se rompió. Creo que entre menos cosas tengamos prohibidas y podamos manejarnos con un derecho penal limitado, pues mejor.

– ¿Cantarías a favor de la legalización?

– Depende de las circunstancias, porque hay que estudiarlas bastante bien.

– ¿Pero cantarías o no?

– Sí cantaría, claro, pero no en cualquier movimiento o improvisación ni en cualquier escenario, porque tiene que ser en un sitio afín a lo que uno piensa. Yo creo que inclusive en el movimiento de legalización van a colar un montón de cosas que a mí no me interesan tampoco. Uno no puede entregarse a nada porque sí.

– ¿Siempre que estás haciendo una canción te das cuenta de que estás siendo utilizado, de que eres un instrumento, o es solo en ciertas canciones?

– Hay canciones en que más y hay canciones en que menos. Hay algunas que son un telegrama totalmente, hasta instantáneo puede ser.

– ¿Como cuáles, por ejemplo?

– Como “En la mitad del mundo”, por ejemplo, que en realidad son vivencias, pero es como usar las propias vivencias de uno para construir otro tipo de historias. Es simplemente el marco teórico de la historia de fondo, que siempre es lo importante. Lo que es circunstancial es como lo que se usa para llamar tal vez la atención, pero lo importante siempre es el mensaje de fondo. El mensaje de fondo uno no lo inventa ni nada, sino que está ahí, existe, porque el amor existe. Lo que ha pasado con la música, y por lo que empecé a escribir seguramente era por el tipo de terapia que te provoca escribir lo tuyo, sacar cosas que no sacas de otra manera.

– ¿Eras tímido?

– Claro, lo soy. Por ejemplo, he asumido un personaje que es extrovertido por esencia: el artista. En lo demás soy tímido. En el escenario ya no porque es como un oficio que se aprende.

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– ¿A qué edad comenzaste a escribir canciones?

– A los catorce, que fue cuando agarré la guitarra, y antes ya había compuesto cosas así porque era integrante de los Scouts, y siempre teníamos que estar como con porras. Entonces siempre cantábamos.

– ¿Pero tenías conciencia ya de lo que es ser un trovador?

– Para nada. El trovador para mí es un ideal. Es muy difícil para mí decirte tal es un trovador, tal es por ciertas circunstancias, pero en verdad el trovador, esa palabra, es como un ideal de sujeto, que es un tipo de profeta y bastante disciplinado. Eso de caminar y cantar es lo que hacían los trovadores de la Edad Media. La música es un medio para cumplir cierto propósito, y es un propósito universal.

– Cuando entras a estudiar Derecho, ¿tenías ya las ganas de dedicarte a esto o no?

– Lo que pasa es que cuando entré en la U yo ya tocaba en grupos. En el último año de colegio ya tenía mi propio grupo, tocando canciones mías. Era un grupo que se llamaba Ruta 65, que era como se llamaba la ruta del bus que nos llevaba de Zapote al centro. El estilo era influencia Charly, Sui Generis, Miguel Mateos, Enanitos Verdes, Soda Stereo. Teníamos repertorio propio y algunos covers. Vacilamos un poco con ese grupo pero todavía era malito… (Ríe…)

– ¿Cuándo surge el cantautor?

– De forma paralela empecé a tocar solo, que fue cuando asumí un poco más el rollo de cantautor, porque antes no era Diego Sojo sino el cantante de tal grupo. Yo creo que el personaje ese del cantautor itinerante empieza cuando empieza el itinerante en el 95, y que deja de ser abogado a medio tiempo.

– Mientras estabas en la universidad también seguías cantando…

– Claro, en los festivales de la canción. Era la época de las estructuraciones filosóficas, porque es cuando vos tenés los conceptos: esto es en lo que creo y esto no. Entonces vos conoces sistemas filosóficos como es el Derecho, o como es la Historia, un montón de cosas. Conocés los sistemas y ahí aplicas tu propia reestructuración del asunto. Entonces opinas si las instituciones que existen ahora van o no con vos, con la reestructuración que tienes. A mí me decepcionaron casi todas las instituciones.

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– ¿Pero tú creías en lo que estabas estudiando y en lo que comenzaste a trabajar?

– No, yo no creo en el Derecho.

– Pero yo te hablo en pretérito imperfecto, si creías o no en aquel tiempo…

– Hay una parte que se llama el Derecho Natural, en eso se puede creer; eso está en las nubes, ¿entendés? El Derecho Positivo, que es el que nosotros usamos, el que se describe, que está en las leyes, en eso no se puede creer. Es como un laberinto, como una trampa que se aplica siempre a favor del que tiene más poder. Y de eso se trata ser abogado, de eso se trata el sistema jurídico, la seguridad jurídica: mantener el status quo. Entonces uno no puede creer en eso, porque es como encerrarnos. Y yo creo que el Derecho ha funcionado mucho también para limitar el desarrollo humano.

– ¿En cuántos casos interviniste como abogado?

– Eso es muy relativo. Porque si digo cuantos casos estaba viendo, que estaban en trámite, eran un montón, pero era como seguir expedientes nada más. Ese no es el trabajo de mucha acción. Yo no ejercí tanto como para meterme yo mismo a darme cuenta de que todo eso es una mierda. O sea ya uno sabe a lo que va. Yo creo que todos los que están trabajando ahora saben lo que yo, y están de acuerdo.

– Porque están confortables…

– Porque están confortables, obviamente, o supuestamente. Depende de cuál es tu confort. Porque por ejemplo para mí era muy incómodo estar trabajando en eso, a nivel de lo que yo pensaba que debía ser la vida, de lo que me decían las canciones que hiciera. ¿Cómo podía yo estar cantando El mayor pecado y estar ahí?

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El mayor pecado es una canción fundamental en tu vida…

– “Señales de alerta” y “El mayor pecado” son como un manifiesto, como un credo chiquito. Una de que no hay que morir en vida, y segundo de que la cosa es urgente, que no te puedes quedar ahí, que de verdad no se puede quedar uno quieto para nada, no podés. Si no te mueves para arriba te mueves para abajo, pero no te vas a quedar quieto. Si no estás poniendo fuerza para no solo sostenerte sino para seguir, te vas enterrando.

– ¿En qué momento llegó esa gotita famosa que derramó el vaso y te dijo hasta aquí?

– Bueno, yo creo que no llega ninguna gotita. O sea que a veces caen aguaceros, que a veces escampa un rato, sí. Pero creo que siempre es un proceso. De hecho desde que empecé con el último grupo yo lo tenía todo muy claro, mi meta era, pasara lo que pasara con el Derecho, que aquello de ser abogado era como un pasatiempo, era como quitarse también un peso de encima, porque había estudiado cinco años y pico.

– ¿Y también hubo presión familiar?

– Bueno, no fue necesaria. Yo ya estaba auto presionado. Lo primero que tuve claro, como dice una canción de Sabina, era que tenía que irme. En Costa Rica también es así. Los ticos no se dan cuenta porque se creen lo más grande del mundo allá adentro, pero es así. Y la gente se hace un mundo en San José. Claro que pasan un montón de cosas pero ese no es el mundo, y una ciudad se convierte siempre, para un artista, en una especie de círculo vicioso. Ya después de unos meses estaba listo para irme, e hice varios conciertos de despedida. Pero hubo un último, total. Y ya, al día siguiente estaba en Managua.

– ¿Por qué Nicaragua? Según sé los ticos no quieren a los nicas.

– Lo que pasa es que los ticos se creen superiores. Así de fácil. Porque los nicas son los que siempre llegan de refugiados, a trabajar. Ahora son un millón en Costa Rica. Y ambos son países que siempre han tenido una historia en común, y por eso Nicaragua ha influenciado en Costa Rica y viceversa. Yo lo que quería era llegar a Guatemala pasando por toda Centroamérica.

– ¿Comienzas a grabar en Nicaragua?

– Grabé un recital con Alejandro Mejía (el hijo de Luis Enrique Mejía Godoy), en vivo, y con eso armé un cassette que se llamaba “Diego Sojo: concierto en Managua”, que lo estuve moviendo así durante la gira, artesanalmente. Lo copiaba de cassette a cassete y así lo vendía. Además con él llegué hasta Cuenca, y era lo que mostraba a la gente. el tiempo.

– ¿Y de Guatemala pasas a dónde? cuenca99

– De Guatemala voy a Costa Rica y luego a Ecuador. Pero antes había pasado unos tres meses por Honduras, que fue donde conocí a Marisol [la escritora cuencana Marisol Patiño, compañera de Diego, madre de sus dos hijos, y hermana del conocido pintor ecuatoriano Agustín Patiño].

– ¿Cómo fue la onda de conocer a Marisol, y por ella al Ecuador?

– Yo diría que más bien ella me conoció a mí, y yo la conocí a ella después. La cosa es que me hago amigo de un amigo de Marisol en esa misma noche, ya después del concierto. Al final el man me dice que me podía quedar en su casa si no tenía donde quedarme. Me quedé como una semana, hasta que volvió su mamá. El 14 de febrero viene y me invita a una fiesta en casa de unas amigas, una argentina y una ecuatoriana. Y nos vamos. Llegamos a la casa de la Marisol, y ahí hubo un enganche. Y luego Honduras fue como una luna de miel, más bien. De ahí había que seguir hasta Guatemala. Marisol estaba ya esperando al Rimai. De Guatemala la idea era volver a Costa Rica y a Ecuador, y eso hicimos. En el 96 se da el aterrizaje en Quito, cuando estaban en la segunda ronda de Nebot y Bucaram, y el presidente era don Sixto Durán. Y Ecuador era para mí un país muy loco en lo político, porque imaginate el primer año que me tocó vivir aquí: elecciones, y el triunfo de Abdalá Bucaram y todo el show que hizo, la teletón. Pero en general Ecuador me encantó, aunque más que todo el hechizo fue Cuenca, que me alucinó.

– ¿Cuánto tiempo te quedaste, qué hacías?

– Como un año y medio. Cantaba en un montón de lados, en varios festivales. El primer concierto que dí en Cuenca fue en un bar que ya no existe, que se llamaba el Pecas Bar. Me presentaba mucho en cuestiones sociales, invitado por Justicia y Paz, en San Cristóbal, San Roque, en la Feria Libre, y en los bares que había entonces, como el Cafecito. Era también el primer año de la Bandada de la Madre. Ahí conocí al Choquilla [Fabián Durán]. Toqué también en el Café Vasco. También hice recitales de despedida, cuando me iba de acá. Y conocí a mucha gente, como a los integrantes de La Doble, al Tuga [Juan Carlos Astudillo], al Juancho Vinueza. Después estuvimos como cinco meses en Quito, donde hice unos dos recitales, en el Café Libro y en la Casa de al lado. Y de ahí a Costa Rica, otros cinco meses, y después a Honduras, después del huracán Mitch.

– ¿Es entonces cuando viene la grabación de Brochas gordas, tu primer disco?

– Sí, eso fue muy bonito porque los músicos que participan en “Brochas” eran gente con la que ya había estado trabajando meses. Y fue muy rico porque en realidad eran muy buenos músicos. Estuvimos trabajando en los ensayos como dos o tres sesiones, y de ahí yo lo que iba haciendo era citas con cada músico. Primero me acuerdo que trabajamos con lo más acústico, Hay en mí, y a la siguiente semana ya empecé a hacer las canciones que tenían batería, y lo que hacíamos era que el baterista tocaba en vivo y yo iba cantando con él. Después llegaba el bajista. Además tuve la suerte de contar con ese estudio, que es increíble, con tecnología de punta.

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– El sonido es en realidad muy bueno…

– Y pudo ser mejor porque yo al final los presioné bastante, pues tenía que viajar a Ecuador, y un día se trabó la máquina, lo que ocasionó que se perdieran como tres días. Y todo fue como muy a la carrera, pero yo creo que gracias a ese arranque de adrenalina fue que se hizo el disco como se hizo. Porque además juntar a toda esa gente, que en la historia de ellos como músicos, en el movimiento de Honduras, no habían hecho un disco juntos esos manes. Hay gente de tres grupos de rock que eran los más representativos de ese momento, grupos con historia.

– ¿Qué pasó con Brochas gordas en Costa Rica?

– Encontró un nido, que es radio U, donde más ha sonado. Es creo donde exclusivamente ha sonado. Y esa radio es muy importante a nivel de lo que es la música alternativa; igual que en todos los países la mayoría de las radios tienen programación de paquete, entonces con esa radio hemos trabajado mucho. Han sonado algunas piezas de ese disco como “Sube marea”, “Brochas gordas”, “Yo sigo como voy”. Lo que pasa es que uno no puede como monitorear exactamente para darte una visión de lo que ha pasado.

– Supongo que en Costa Rica, con el disco, tu imagen se consolidó más.

– En Costa Rica hay discos muy buenos y hay cantidad de gente trabajando ahí. Y salen discos a cada rato. Yo creo que eso no es tan llamativo como el hecho de abrir fronteras y conectar otro tipo de cosas. Porque eso es lo que demuestra cierta consistencia con tu mensaje, y eso nos vuelve al punto de principio: que todo esto, en realidad, es accesorio. Si yo todavía no me siento realizado es porque me siento, en realidad, mediocre. Porque uno tiene un mensaje muy profundo, y uno debería tener una consecuencia mucho más profunda. Pero es un proceso. Entonces yo me imagino que debe llegar un momento más radical. Y es que, alguna vez te decía, no es solo el hecho de pararse con una guitarrita y darle. A veces eso no es suficiente. A veces hay que hacer otro tipo de cosas. Y yo creo que hay que hacerlas porque estamos en un tiempo urgente. Y ahora no me lo imagino. Yo siempre estoy rezando para tener bien claro el asunto. Ahora no lo tengo claro. Tal vez solo tengo claro este año, lo inmediato, pero yo sé que llegará un momento más decisivo; de lo que se trata es de transmitir mensajes. Porque los mensajes están allí. Y son los mensajes de siempre, pero son las versiones de estos años, ¿me entendés? O sea, ya está escrito, está bien, pero es que la Biblia no te habla de internet; es que en el Baghavita no te dicen nada de los congestionamientos viales.

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– Pero como que no has aprovechado tus discos para una promoción más sostenida.

– Depende de qué es lo que quieras. Yo no tengo el objetivo de saturar de música de Diego Sojo a Cuenca. Yo sé cómo se consigue un número uno, pero no le veo el sentido al asunto. Yo sé que son medios para conseguir cosas pero no estoy en eso, y entonces prefiero dedicarme a otras cosas, como viajar. Eso para mí es como una prioridad, como ir construyendo tu propia leyenda, y lo demás viene por añadidura. Eso de tener un número uno es como muy artificial. Yo pienso mucho también cómo yo he consumido música a través de mi vida. Que me han llegado cassettes, la bola de discos de grupos que tal vez nunca vaya a verlos en mi vida; grupos que ya se extinguieron pero que han dejado su huella en la vida de uno. Y de eso se trata con los discos. Ya la música está ahí. Yo creo estar tranquilo con eso, y si esa música tiene que hacer algo ya está disponible. Uno no puede obsesionarse. Yo no vivo de eso.

– Sin embargo, sé que estás preparando una especie de antología…

– Lo que pasa es que eso es por motivos prácticos, hablando de ser amigable con las radios, estaba pensando en compilar en un disco lo que es radiofónicamente viable.

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– ¿Eso no es un eufemismo?

– ¿Para decir qué?

– Para decir comercial…

– Es que podría serlo, pero yo más que todo no pienso en venderlo sino en difundirlo. En primer lugar lo pensé para las radios porque me hacía falta. Porque yo llego a una radio y tengo que sacar los cuatro discos, y entonces es muy incómodo. Entonces a mí me gustaría dejarles la música que sé que van a programar. Y obviamente puede que me ayude a venderlo, pero también vender una compilación y no los cuatro discos te deja como una sensación de pérdida. No es el asunto comercial. Pero bueno, así funciona, tampoco hay que darle tantas vueltas al asunto. Yo ya me he complicado bastante con ser consecuente con lo que canto.

Revista Qué Nota, Cuenca, Ecuador, 2004