Juan Pablo Merchán: La Fotografía como Devoción

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Cuentan que un aprendiz de fotógrafo que vivía en Nueva York, cuyo jefe estaba a punto de fotografiar nada menos que al “Rey Pelé” para la campaña de una importante firma internacional de relojes, no encontró mejor manera de convencer a sus jefes gringos que mentirles diciendo que podía servirles de intérprete. Cuando comenzó la sesión fotográfica, decidió que lo mejor que podía hacer para sonar portugués era culminar cada una de sus palabras con el sufijo “ao”, algo que al más grande futbolista latinoamericano de todos los tiempos le llamó la atención: “Pero tú no hablas portugués”, le dijo el astro de la pelota. “No, pero no se lo digas a estos gringos, que ellos están creyendo que sí”.

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Así fue como ese joven asistente de un famoso fotógrafo norteamericano logró conocer, a través de su temeraria audacia, a una de las figuras más populares del siglo XX. Años después, en su natal Ecuador, este cuencano se convertirá en uno de los fotógrafos publicitarios más cotizados y de mayor prestigio de su país, y su solo nombre se volverá sinónimo de alta calidad: Juan Pablo Merchán.

En su amplio, cómodo y funcional estudio me recibe con afecto y amistad, sintiendo la remota certeza de que ya nos conocíamos. Hacia el año 1998, cuando su entrevistador tenía la responsabilidad de editar el libro “Cuenca de los Andes”, Juan Pablo fue uno de los cinco fotógrafos cuencanos invitados y contratados para ilustrar esa publicación que el alcalde Fernando Cordero llevaría ante la Unesco para defender la candidatura del Centro Histórico de Cuenca a Patrimonio Cultural de la Humanidad. Desde las paredes me sonríen algunas de las reinas de Cuenca de los últimos años, cuyos rostros han sido fotografiados por este mago del lente que se resiste a ser considerado un artista.

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La conversación, amena e interesante, fluye desde sus inicios en el mundo de la imagen hasta anécdotas como la precedente. En Ecuador ha fotografiado a gran cantidad de personajes destacados de diferentes ámbitos, como al poeta cuencano Rubén Astudillo, o como al político Jaime Nebot Velasco (padre del actual Alcalde de Guayaquil), a quien empezó a fotografiar en su casa a las 10 de la mañana y salió en la última borrachera a las 3 de la tarde; o al franco-ecuatoriano Bernard Fougères, a quien recuerda haber fotografiado posando con una tarántula en su mano, mientras él disparaba la cámara a diez centímetros de la araña, “muerto de miedo”.

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RAO: ¿Cómo comenzó tu atracción y luego devoción por la fotografía?

JPM: Mi atracción por la fotografía viene de cuando yo tenía unos 14 o 15 años. Siempre me había gustado. Veía libros y revistas, y lo curioso es que nunca tuve una cámara en mis manos. Vengo de una familia de fotógrafos, por Corral, y aunque siempre veía a mis tíos, a mis parientes, con cámaras de fotos, nunca tuve una en mis manos hasta el año anterior a mi viaje a Estados Unidos. Me prestaron una cámara y empecé a jugar en el campo haciendo fotos, viendo ángulos, y eso me encantó. Cuando fui a Nueva York, después de graduarme en el colegio, mi idea no era estudiar fotografía. Quería estudiar dirección de cine pero era costosísimo, y papá en esa época no me podía pagar los estudios. Solicité una beca pero desgraciadamente no se me cubría un monto satisfactorio. Yo tenía que cubrir la mayoría del dinero y era demasiado caro. Entonces me fui por la fotografía. Estudié dos años y medio en una universidad que se llama School of Visual Arts, específicamente fotografía publicitaria. Luego de que me gradué empecé a buscar trabajo como asistente de fotografía, que es por donde empiezas. En ese tiempo yo trabajaba de mensajero en bicicleta. Te estoy hablando del año 1988. Todavía no estaba de moda el fax. Yo entregaba documentos, y en cada estudio fotográfico que entraba dejaba mi currículo.

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-Pero ya habías hecho algunos trabajos fotográficos personales, digamos que a nivel de aficionado…

-Sí, tenía mi portafolio de universidad, con fotos de productos y fotos artísticas, y con eso me iba moviendo también. Dejaba mi currículo en cada lugar, hasta que me llamaron de un estudio que me ofreció un trabajo por 100 dólares a la semana. Era una época en la que no tenía para vivir. Sin embargo era mi única oportunidad de entrar en ese mundo, a través de un estudio gigantesco de mega producciones, que tenía cuentas de firmas como Volvo. Debía tener dos trabajos: de 4 a 8 y media de la mañana trabajaba manejando un camión del correo, y desde las 9 de la mañana hasta la hora que fuera, en el estudio como asistente. Muchas veces laboraba hasta las 12 de la noche o 1 de la mañana, y me quedaba a dormir en el estudio para al día siguiente salir al trabajo.

-¿Entonces comenzaste como asistente de fotógrafo?

-No precisamente. El nivel de fotografía en Nueva York es completamente diferente, y yo tuve que empezar barriendo el estudio como tercer asistente. Ni siquiera me dejaban tocar una cámara o una luz. Y poco a poco fui subiendo hasta que fui el primer asistente del fotógrafo.

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-¿Y quién era este fotógrafo?

-Él se llamaba Jerry Freedman, que era uno de los principales fotógrafos publicitarios de los ochentas. Y fue así como comencé en el mundo de la fotografía comercial. A veces me quedaba en las noches haciendo trabajos para mi portafolios, o en los fines de semana en que ellos me daban la posibilidad de usar el estudio.

-¿Cuándo decides regresar al Ecuador?

-Mis planes no era regresar al Ecuador todavía. Estuve un año en la Marina y tuve que regresarme porque justo empezó la Guerra del Golfo. Comenzaron a llegarles cartas a todos mis amigos para que se presenten como reservistas.

-Pero nunca te llegó la carta a ti…

-No, nunca me llegó. En un mes armé el viaje de regreso. Llegué un viernes y tuve mi primer trabajo el día martes siguiente, que fue un trabajo para Artesa. Mis planes tampoco consistían en regresar a Cuenca sino quedarme en Quito. Por entonces Cuenca no me ofrecía mucho como para quedarme aquí a vivir de eso. Y yo tenía ya reservados un departamento y un lugar para estudio en Quito. Regresaba eventualmente a Cuenca y siempre había algún trabajo que iba alargando mi ida a Quito, hasta que finalmente decidí quedarme.

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-¿Tu especialidad es lo publicitario, no lo artístico?

-Completamente. Yo no me considero un artista pero sí creo que necesitas un alto nivel de creatividad para la fotografía publicitaria. Mi trabajo es tomar un producto y hacer que se vea bien, para que la gente pueda ver eso y comprarlo.

-Pero muchas veces puede decirse que tienes logros que se consideran artísticos…

-Yo más bien diría que creativos. En ciertos trabajos tienes un alto nivel de creatividad. Pero muchas veces confunden que todo fotógrafo es artista, y yo estoy en contra de eso. No me considero un artista sino un creativo.

-¿Cuáles son, según tu apreciación, las fronteras entre uno y otro, entre lo artístico y lo creativo?

-Lo artístico no siempre es bonito. En cambio, creo que en la fotografía publicitaria tu meta es hacer que un producto o una campaña se vean vendibles. Entonces mi meta es hacer que tal o cual producto se vean bien, muchas veces maquillando el producto pero no al punto en que sea una mentira.

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-¿Cómo comienzas a trabajar con modelos?

-Mi fuerte ha sido la fotografía de productos, pero tú no puedes en el Ecuador especializarte en tal o cual rama; lo que sí pasa en países desarrollados. Allá tienes fotógrafos que se especializan en comida, en autos, en moda. Pero aquí en el país tienes que hacer de todo. Ambos tipos de fotografía están de algún modo ligados. En el trabajo con modelos, la experiencia me ha ido enseñando que tú tienes que estar al mando sin intimidar a la persona que esté posando para ti. Y así se han dado las cosas, y creo que hemos tenido buenos resultados porque hay trabajos que en vedad han salido bien.

-Alguna vez escuché decir que para una buena fotografía exterior se debía recurrir a tal o cual fotógrafo, pero para una de interiores a Juan Pablo Merchán. ¿Qué opinas de esa idea generalizada?

-Sí, es verdad. Estamos hablando de que yo siempre me he especializado en fotografía de estudio, y en fotografía en la que tú puedas manejar luz artificial. Cuando he tenido llamadas por trabajos en las que me dicen que necesitamos fotografiar la ciudad o paisajes del país, les digo, encantado, lo hago pero ese no es mi fuerte. Y muchas veces he aconsejado a quién recurrir. En verdad no soy una persona paciente, y para la fotografía paisajista necesitas cualquier cantidad de paciencia. Aunque sí soy un conocedor de la luz, de cuál es un buen momento para fotografiar, de los colores.

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-Háblame de tus trabajos con las Reinas de Cuenca.

-Cada año han venido y creo que cada vez están saliendo mejor. Me encanta hacer ese trabajo porque conoces a la gente. Son personas que no tienen experiencia y esto es como nuevo para ellas. Es chévere.

-¿Prefieres fotografiar rostros o cuerpos?

-Yo creo que en rostros me desenvuelvo mejor. Por medio de la iluminación y después de hacer un estudio del rostro a la persona, trato de sacer lo mejor que ella tiene. Tú con la iluminación puedes hacer maravillas. Si ves que alguien tiene una cara demasiado ancha le pones cierta sombra, usas diferentes tipos de lente. Es súper interesante.

-¿Qué haces en los casos de chicas bellas que sin embargo no entran en el famoso concepto de lo fotogénico?

-Me ha tocado fotografiar a personas así. Justamente hace poco hice un trabajo para la revista Belleza y Glamour, de Las Fragancias. Trajeron a una chica que es muy guapa, pero cero fotogenia. Hay modelos profesionales que tú ves en la vida real y son bonitas pero nada espectaculares. Se paran frente a la cámara y es increíble el resultado. Si bien el lente de la cámara trata de asemejarse al ojo humano, creo que los parámetros de visión y profundidad no son los mismos. Hay rostros que en cámara se ven espectaculares y en vivo no son así; y al revés, que en vivo se ven espectaculares y se paran frente a la cámara pero no funcionan. En esos casos a mí me ha tocado sufrir porque está involucrado mucho dinero, maquilladores, tiempo y plazos. Lo que tienes que hacer ahí es disparar y disparar sabiendo que lo que tendrás será alrededor de cinco fotos que te van a servir. Por lo contrario, hay casos de personas que se ponen al frente de la cámara y en media hora está listo el trabajo. Tú sigues disparando pero sabes que a lo mejor en la cuarta o quinta toma ya tienes la foto, porque eso se siente.

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-¿Has hecho desnudos?

-Sí, he hecho algunos desnudos, por afición, por el estudio de la luz sobre el cuerpo humano.

-¿Los has expuesto?

-No, no me interesa eso. Creo que exponer un trabajo te crea una responsabilidad con el público que yo no quiero tener. Son trabajos para mí porque, vuelvo a decirlo, no me creo un artista.

-¿Cómo se cotiza un fotógrafo de tu calidad y prestigio a nivel del país?

-En este momento hay la vieja camada de fotógrafos, con la mayoría de los cuales mantengo amistad. Tenemos bases de precios más o menos en común. Te estoy hablando de gente como Paul Magraff, Ramiro Jarrín, Xavier Cuesta, Gustavo Landívar. Ahora, con la fotografía digital hay muchos trabajos para los que se prescinde del fotógrafo profesional. Son cosas sencillas sobre fondo blanco que muchos de los diseñadores están haciendo. Con los fotógrafos de la vieja camada tenemos respeto en lo concerniente a precios. Muchas veces nos llamamos para que alguien nos cubra tal o cual trabajo. Pero hay una nueva camada de jóvenes fotógrafos que normalmente no tienen un estudio ni cuentas por pagar, y entonces regalan el trabajo. Hay algunos de ellos buenos, otros no tanto.

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-¿Pero significan competencia?

-Sí significan competencia, aunque yo creo que la competencia es buena porque siempre te ayuda a esforzarte más y tener mejores resultados. Creo que un punto a favor nuestro es tener un estudio grande donde el cliente ya ha depositado su confianza. Tengo clientes que me dicen, Juan Pablo te estamos mandando el producto, necesitamos estoy y lo otro, vía correo electrónico inclusive, y a los tres días pueden retirar el producto y está ya listo el trabajo. Es un estudio grande donde hacemos fotografías de autos, de salas y baños, etc.

-¿Perdiste clientes en el cambio de fotografía convencional a la digital?

-En el cambio de la fotografía convencional a la digital, el primer año sentí que entre los clientes hubo esa idea de que la cámara hacía la fotografía y no el fotógrafo. Ciertas cosas perdí, porque fue un balance. A mí me gusta estar siempre en la vanguardia de la tecnología. Creo que en el país fui uno de los primeros que se digitalizaron. Fue una inversión altísima en ese tiempo, porque una cosa es fotografía digital y otra es equipo digital para la impresión de un catálogo. Sí hubo cosas que perdí, por ejemplo productos sobre fondo blanco, pero por otro lado para mí fue mucho más fácil trabajar con lo digital porque iba seguro. Tú ves los resultados de inmediato y estás seguro de que tu trabajo va a estar bien hecho. Por otro lado, si bien gastas en equipo digital que en un año tienes que cambiar, te ahorras la película. Yo me alimentaba de film porque en un solo trabajo gastaba hasta veinte rollos.

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-¿Ya no usas para nada la fotografía convencional?

-El noventa por ciento de los trabajos los hago con tecnología digital, pero hay un diez por ciento todavía de clientes puristas que prefieren hacerlo con película. Yo estoy consciente de que la calidad del film sigue siendo mejor que lo digital, pero vamos a calidad resultado. Sobre el resultado de una fotografía digital creo que tú tienes mucho más control que sobre la fotografía convencional, porque pues hacer ciertos retoques, poruqe tienes lo resultados enseguida y sabes qué cambios tienes que hacer. Antes trabajábamos a base de polaroid, y cada polaroid te costaba 2 dólares, con lo cual no podías darte el lujo de gastar diez polaroids en cada trabajo porque estamos hablando de 20 dólares en una foto por la cual cobrabas 60. Lo digital ha sido para mí una gran ayuda.

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-Desde una óptica más bien personal, antes que profesional, ¿prefieres la fotografía convencional o la digital?

-Te voy a poner un ejemplo que va a definir lo que siento al respecto: en la fotografía convencional no había cosa tan excitante como irte al cuarto oscuro cuando empezaba a salir la imagen en el papel. En la fotografía digital, te dura un poquito menos esa sensación, porque tú disparas y el tiempo en que la imagen viaja a través del cable, de la cámara a la computadora, es exactamente igual. Para hace una fotografía primero hago la composición sin iluminación, y luego comienzo a iluminar. El rato que aprietas el gatillo y cuando aparece esa imagen y es justamente lo que buscabas, la tonalidad de la luz, su efecto, creo que siento lo mismo. Me considero un amante de la tecnología. No soy puristas en eso sino que estoy siempre a la vanguardia.

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-Entre tus planes a futuro, ¿has pensado en dejar Cuenca?

-A mí me encanta Cuenca. Me parece que es la ciudad ideal para vivir. Tiene las cosas buenas de una ciudad pequeña y las cosas buenas de una ciudad más grande. Mis planes son quedarme aquí. Me encanta lo que hago. Todas las mañanas me levanto feliz para venir a trabajar. Muchas veces tengo un trabajo y con dos o tres días de anticipación estoy pensando cómo lo voy a hacer. Disfruto completamente. Una de las cosas más excitantes para un fotógrafo es que tienes algo en tu cabeza, la ida de una fotografía que vas a realizar. Ves inclusive el color de la luz con la que vas a iluminar, qué tipo de efecto vas a transmitir a quien va a ver esa fotografía; planificas esa foto, vienes, la haces y te sale exactamente como la tenías en tu cabeza, y eso para mí es el premio más grande.

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-¿Desde cuándo te sucede eso?

-Yo te diría que desde hace unos dos años. Saber exactamente cómo te va a salir una fotografía, saber que te va a salir exactamente igual a lo que tienes en tu cabeza, que es como decir saber lo que quieres y que no sea un producto del casualismo, porque muchas vece te salen fotografías espectaculares pero son casuales. Pensar una fotografía y que te salga exactamente igual a lo que has pensado es increíble, y es algo que solo vas logrando con la experiencia.

Juan Cuvi y el retorno de Alfaro Vive Carajo

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Una de las imágenes más impactantes de nuestra vida adolescente en el Ecuador de los años ochenta del siglo anterior, era la repetición obsesiva, insistente y agresiva del anuncio televisivo, radial e impreso en diarios, además de pegado y repegado sobre postes, paredes y murallas, a través del cual se ofrecía una recompensa de cinco millones de sucres por la captura o información que condujera a capturar a un grupo de personas, entre ellas una mujer.

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Los ochentas fueron una década extraña, difícil, en la que si bien existía un movimiento obrero más o menos fuerte, una izquierda dividida a punta de palos y piedras más que de divergencias ideológicas, entre chinos [presuntamente maoístas del Movimiento Popular Democrático MPD, cuyos principales líderes militaban más o menos clandestinamente en el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador PCMLE] y cabezones [de tendencia soviética, agrupados en torno al Frente Amplio de Izquierda FADI, que incluía al Partido Comunista del Ecuador y al Partido Socialista Revolucionario del Ecuador], la arremetida de la derecha con todo su poderío económico y militar, haciendo uso del aparato estatal, fue devastadora y sangrienta, y hoy en día puede interpretarse como uno de los más claros ejemplos de terrorismo de Estado. Tiempo después llegaría la vergüenza y la traición de Liberación Nacional, con Alfredo Castillo Bujase a la cabeza, “comunista” y “revolucionario” que diez años más tarde llegó a terciar para las elecciones presidenciales como binomio de Álvaro Noboa, en los comicios de 1998…

Se había hecho “normal” para entonces escuchar historias sobre desapariciones, asesinatos, persecuciones, actos terroristas, asaltos, secuestros, bombas panfletarias, torturas no solo perpetradas por miembros del terrible Servicio de Investigación Criminal SIC, sino por otras instancias armadas del Estado ecuatoriano, como la Marina y el Ejército.

Algunos de quienes en el despertar de conciencia sobre una realidad lacerante de opresión e injusticia, simpatizábamos o militábamos en grupos juveniles de izquierda, como la Juventud Comunista del Ecuador JCE, que gozaba de legalidad, en medio de las trifulcas, las manifestaciones y protestas, la pintura de murales y la repartición de la “prensa revolucionaria”, tuvimos la oportunidad de conocer a militantes alfaristas que habían sido torturados con espantosa crueldad. Recuerdo a un joven muy delgado, que ostentaba una cicatriz enorme entre el cuello y el pecho, como resultado visible de hechos armados en los que participó.

cuvi3Juan Cuvi, uno de los más conocidos voceros nacionales del movimiento Alfaro Vive Carajo AVC, grupo que en la década de los ochentas lideró la oposición armada al gobierno de León Febres-Cordero, resurgió a la luz pública en vísperas de la segunda vuelta electoral del año 2007, cuando había preocupación entre los miembros de ese movimiento por lo que habría podido acontecer en caso de que el ex candidato Álvaro Noboa hubiese ganado los comicios. Sabiendo de quién se trataba, no dudé un solo momento en plantearle esta conversación, que poco tiempo después publiqué en una revista cuencana.

 

En el congelador

“Un eventual triunfo de Noboa habría sido una de las mayores catástrofes democráticas del país. El hombre más rico del país tuvo un éxito lamentable en las pasadas elecciones, que le permite constituirse en la primera fuerza política no solo a nivel del Congreso, son también de poderes locales con una cantidad enorme de alcaldías, consejerías y concejalías, además del bloque de diputados”.

Ex militante subversivo, Cuvi es representante de una época que marcó al Ecuador para siempre, y de la cual se volvió a hablar ante el retiro de la vida política anunciado por uno de sus protagonistas, el ex presidente socialcristiano León Febres-Cordero, el de Pan, Techo y Empleo y del Juro por Dios y la Patria que jamás os traicionaré, pocos años antes de su deceso. Su nombre sonó tras su captura como uno de los tres principales secuestradores del banquero Nahim Isaías, en cuyo supuesto rescate murió asesinado, [según ha esgrimido siempre AVC, negando que hayan sido ellos quienes le quitaron la vida], por orden de su amigo y socio Febres-Cordero, quien dio la orden de que ingresaran tropas de asalto a la casa en que lo mantenían secuestrado. El derrotero principal del fallido secuestro era hacerse con recursos para el financiamiento del movimiento y de la causa. El mismo Juan tiene una interesante teoría que remonta los orígenes de la crisis de Filanbanco, de propiedad de Isaías, a su asesinato, que de manera macabra habría beneficiado al entonces primer mandatario ecuatoriano y sus negocios. Una década después se activaría, en secuencia dominó, el colapso del sistema bancario nacional que culminó en la crisis de finales de 1999, la dolarización y la pauperización de la calidad de vida de los ciudadanos ecuatorianos.

AVC se mantuvo durante quince años “en el congelador”. El 5 de junio de 2006 (conmemoración de la Revolución Liberal), mediante un acto masivo desarrollado en Quito, el movimiento anunció que volvía a la política legal: “Somos un movimiento político; no tenemos juridicidad, no estamos registrados ante el Tribunal Supremo Electoral, pero hemos tomado la decisión definitiva de participar dentro del ámbito de la democracia formal, con todas las reglas que eso implica, pese a que estemos en contra o discrepemos con una serie de condiciones de esta democracia imperfecta”.

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El grupo se mostró dispuesto a participar con estas reglas, para desde adentro ir presionando por cambios tanto en el sistema político como en cosas concretas que requiere el país: modelo económico, relaciones internacionales, proyectos de desarrollo. “Eso es parte de los cambios que necesita el Ecuador, y también el sistema político. Como no se lo puede cambiar todavía, y nosotros hemos pugnado por hacerlo, vamos a participar en ese mundo de la política formal, para desde ahí ir logrando cambios puntuales.”

Alfaro Vive Carajo aspiraba, en un lapso de dos años, a participar de manera activa en procesos eleccionarios, que les permitieran ir incidiendo directamente en esos espacios de poder. Esto no implicaba, en modo alguno, un eventual retorno a las armas, puesto que esa es una etapa de la vida política de AVC que ya quedó atrás: “En febrero de 1991, a través de un acto que se difundió a nivel nacional e internacional, depusimos las armas luego de un acuerdo con el gobierno del doctor Rodrigo Borja, que más o menos nos tomó un par de años de negociación”.

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A partir de ese momento intentaron actuar en la política legal constituyendo un partido, pero fue imposible porque en aquella época el sistema político todavía tenía el control sobre el ejercicio de estos nuevos actores. Febres-Cordero aún conservaba un enorme poder por entonces, y se encargó sistemáticamente de descalificar al nuevo movimiento legal Alfaro Vive Carajo. En tales condiciones prefirieron auto-disolverse, y disgregarse por el país para dedicarse a actividades profesionales, aunque siempre relacionadas con el trabajo social, vía fundaciones u organizaciones sociales. Uno que otro militante se vinculó a algunas organizaciones políticas para tratar de participar, pero con otro membrete. “Luego de 15 años de que hemos cumplido a cabalidad y con absoluta responsabilidad ese acuerdo de paz, tenemos nosotros el derecho y además toda la honra de decirle al país aquí estamos nuevamente, y estamos dispuestos a seguir respetando de manera indefinida, esas normas a las cuales nosotros nos sometimos en febrero del año 91, y mediante las cuales dejamos las armas. De manera que hablar de violencia, de opciones armadas con AVC está absolutamente desechado”, decía Cuvi en vísperas de los comicios que catapultaron a Rafael Correa hasta Carondelet.

Absolutismo constitucional

En cuanto a la coyuntura electoral en la que el presidente Rafael Correa llegó al poder, afirmaba que una alianza de Noboa con Sociedad Patriótica, partido que AVC considera tiene un estilo muy similar al del PRIAN, habría resultado peligrosa en caso de que hubiera triunfado Noboa, puesto que no hubiese existido una delimitación clara entre el interés privado de Álvaro Noboa y el interés público. Éste, aseveraba, habría tomado decisiones políticas que beneficiarían a sus empresas, dado que el líder del PRIAN estaba más preocupado por llegar al poder para controlar factores básicos de la economía, en beneficio de sus empresas, que gobernar para la mayoría de los ecuatorianos: “No habría sido una dictadura, porque hubiera gobernado legalmente, sino una especie de absolutismo constitucional, parecido al de los reyes del medioevo, que estaban fundamentados en la ley pero con un poder.

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Preceptos como el debate de ideas, el acuerdo entre fuerzas según la situación coyuntural de un país, la exigencia de negociación permanente para ir consiguiendo acuerdos, leyes y proyectos, se habrían restringido con un gobierno de Noboa. Fue Cuvi quien reparó, por ejemplo, en que el empresario bananero demostró un perfil poco conocido de su personalidad durante la segunda vuelta electoral: “Luego de ganar la primera vuelta empezó a tener actitudes más autoritarias y más intransigentes, como presagiando lo que podría ser un gobierno suyo: la toma de decisiones ante sí y por sí, sin considerar que éste es un país en el que existen otros sectores políticos, otros sectores sociales y fuerzas que tienen también sus intereses, y con los cuales hay que interactuar”.

Rafael Correa

En cuanto a Rafael Correa, AVC creyó desde un principio que permitiría mantener estos espacios de democracia, además de que la misma debilidad política en la que se encontraba le obligaría a negociar y buscar consenso con otras fuerzas: “Como presidente no puede tomar decisiones unilateralmente, y esa necesidad de buscar consensos va a permitir que este juego de la democracia se pueda mantener durante cuatro años”.

Destacaba también algunas de las ideas expresadas por el entonces joven candidato, y a la vez anunciaba que vigilarían permanentemente que se responda a las exigencias ciudadanas, porque no fue un candidato que creció por sí solo, con un partido y una trayectoria: “Él, de alguna manera, es el resultado de esa expresión de abril de 2005, de los forajidos, de esa demanda ciudadana por terminar con este viejo sistema político, y en ese sentido Rafael Correa tiene que responder a esas exigencias”.

10653771_289198244607345_6539117595798707136_nEntre tales exigencias mencionaba la Asamblea Constituyente, pero con una participación activa de los ciudadanos, de tal forma que se defina una agenda básica de cambios para el país. A ello agrega la lucha contra la corrupción: “Correa tiene que dar signos de que una serie de viejas fuerzas que han estado rodeándolo en esta campaña no se van a beneficiar en su gobierno.” En este punto, AVC posee un listado de personalidades y grupos que han medrado del Estado y de la vieja política durante décadas, que han rodeado y apoyado a Correa desde la campaña.

Según Cuvi, AVC plegaba por la Asamblea Constituyente propuesta por el presidente Correa, porque desde esa instancia se podría ir cambiando aspectos como la partidización de las instancias de control como Procuraduría, Contraloría, Tribunal Supremo Electoral, Tribunal Constitucional, el régimen de partidos y el régimen electoral: “Es necesario cambiarlo de manera que la representación electoral realmente responda a los intereses ciudadanos, y no sea simplemente una alcahuetería que cada dos años ubica en determinadas funciones a representantes que al final terminan por representar su propio bolsillo.”

10406411_298834336977069_7877280763256114237_nAVC frente al GCP

Para Juan Cuvi, el asunto de los GCP (Grupo de Combatientes Populares) era un tema bastante complicado, porque se trataba de una agrupación que no tenía una identidad, una vocería y una dirección claras, fácilmente ubicables por parte de los ciudadanos y de los medios: “Lamentablemente cuando existen grupos que pretenden ser subversivos, porque hasta ahora no hay acciones contundentes, son solamente anuncios mediante bombas panfletarias y pintura en las paredes, esto se puede prestar a muchas sospechas. El día de mañana se pueden realizar acciones a nombres de esa organización, y no hay quien las reivindique ni quien las desmienta”.

Cuando apareció públicamente AVC, en el año 1983, lo hizo sustrayéndose las espadas de Alfaro y Montero del Museo Municipal de Guayaquil, y dejando una consigna clara en esa acción: que se levantaban en armas por esos objetivos. A partir de entonces, cuando hacían alguna declaración pública por la prensa, los AVC mostraban las dos espadas como un signo de que eran ellos quienes hablaban. “Posteriormente hubieron algunos compañeros que se quemaron de forma pública y asumieron la vocería, de manera que no había ningún inconveniente cuando realizábamos acciones armadas, en que aparecieran Arturo Jarrín, Fausto Basántez o Rosa Mireya Cárdenas, en alguna rueda de prensa clandestina o declaración diciendo esto sí y esto no. Esto es fundamental en un grupo subversivo: las FARC en Colombia, todas las organizaciones guerrilleras en América Latina han tenido formas de expresar su posición y desmentir cualquier manipulación que se haga.”

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Es por eso que a Cuvi le preocupaba lo del GCP y de otras organizaciones fantasmas por el estilo, que empezaban a dar signos de vida, porque se podían prestar a una serie de manipulaciones o malas interpretaciones. “Si es que es en serio este asunto de las propuestas armadas, tendrían que aparecer primero demostrando que están dispuestos a hacerlo, no simplemente pintando paredes; y segundo, identificando claramente una propuesta con una vocería, un liderazgo, una figura o cualquier símbolo que ratifique y confirme la veracidad de sus propuestas. Mientras no lo hagan yo lo veo como algo muy peligroso y que se puede prestar a muchas suspicacias.”

Militantes viejos y nuevos

Al parecer el grupo había logrado en el año 2007 reunir prácticamente el 95 por ciento de la vieja militancia, aunque, como resultaba obvio, con 20 años de edad más que cuando dejaron las armas. Pero también estaban sumando, siempre según las declaraciones de Juan Cuvi, una cantidad de gente joven que sí se identificaba mucho no solo con esa imagen de Eloy Alfaro, del Viejo Luchador, sino con esa idea de ética y de rebeldía que siempre encarnó AVC. Al mismo tiempo han sido claros con quienes ingresan o han pretendido ingresar, en torno a que esa rebeldía ya no va a expresarse por la vía de la violencia, como hace 30 años, sino por la vía de lo que denomina las acciones creativas, de las posiciones renovadas de la política, y sobre todo por la construcción de un nuevo referente político de izquierda: “Para nosotros es fundamental construir un nuevo actor político, que ubicado en el espectro de la izquierda de la política nacional, pueda constituirse en un verdadero contrapeso a las fuerzas de la derecha, del populismo y del centro. Es indispensable, en este país, contar con un actor serio, responsable y con perspectiva del poder desde la izquierda. Ese es uno de los objetivos centrales”.

10675771_283006131893223_8521211838085903212_nEs por ello que no han abierto las puertas todavía a una enorme militancia que demanda incorporarse, y también porque haberlo hecho en época de un proceso electoral podría haber generado confusiones y discrepancias. Así, en la primera vuelta AVC no apoyó de forma pública a ningún candidato, porque incluso al interior de la militancia actual había diferencias entre quienes apoyaban a León Roldós, a Rafael Correa y a Luis Macas. Optaron por no involucrarse en el proceso electoral mientras no tuvieran más claro el panorama, y lo único que hicieron fue respaldar la iniciativa de Freddy Ehlers, mediante la cual convocaba a los dos candidatos de la tendencia s suscribir un acuerdo por una serie de puntos. Uno de ellos era, precisamente, convocar a la consulta popular para la Asamblea; otro era ponerse de acuerdo para apoyarse mutuamente en caso de que uno de los dos llegara a la segunda vuelta; y el otro era la reforma política con una serie de ítems. “Nosotros fuimos la única organización que se pronunció públicamente y respaldamos esa iniciativa. No estuvimos de acuerdo con las ofertas demagógicas en las que lamentablemente se vio obligado a caer Correa por la presión electoral de Álvaro Noboa. Él debía remitirse fundamentalmente a sus propuestas de cambio en aspectos básicos de la vida política de este país.”

Chávez y el Movimiento Bolivariano

Alfaro Vive Carajo coincidía, a finales de la década anterior, con el proceso venezolano en cuanto a exhortación a la defensa de la soberanía de cualquier país, y como iniciativa que pone un tope a las pretensiones de Estados Unidos de involucrarse, controlar, dirigir y mangonear la política de todos los países de América Latina. En ese sentido consideraban que era un proceso muy interesante, aunque como organización no mantenían vínculo alguno con Hugo Chávez, pese a que históricamente siempre los han tenido con organizaciones democráticas y revolucionarias del continente y del mundo: “Eventualmente tendríamos que pensarlo, así como tuvimos en nuestra época relaciones con el Frente Sandinista en Nicaragua y el M-19 en Colombia, con sectores del Perú y con el Partido de los Trabajadores de Brasil, de Ignacio Lula da Silva. Fuimos en alguna época parte del Foro de Sao Paulo, y en tal virtud tuvimos vínculos con todas las organizaciones de izquierda y democráticas de América Latina. En aquella época, cuando se inició el Foro, Chávez no era parte de eso, de manera que ahora el Movimiento Quinta República entiendo que es parte de los foros sociales, mundiales, y tendríamos que ver a futuro qué sucede con esa organización.”

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En el lapso transcurrido desde el retorno público de AVC, la agrupación ha respaldado al gobierno de la Revolución Ciudadana, mas ese apoyo no ha sido consensuado de forma total. El mismo Cuvi es una de las voces cuestionadoras, y sus declaraciones no siempre han coincidido con el apoyo que, por ejemplo, es visible en las redes sociales que usa la agrupación. Como resulta obvio, las aseveraciones de Cuvi contra el Gobierno son acogidas con inocultables plácemes por parte de medios de prensa opositores como El Comercio. Así, a comienzos del año 2013, no tuvo reparos en decir que el triunfo de Rafael Correa “fue un salto al pasado”, porque Alianza País logró hacerse con el poder apelando y “conectado con el espíritu más conservador de la sociedad ecuatoriana como orden, disciplina, control, autoridad…”

División de la Izquierda

Para Juan Cuvi es ésta la explicación de la división de la izquierda en torno al gobierno de Correa, una izquierda de la que le resulta difícil hablar porque, para hacerlo sería necesaria clasificarla en tres grupos: “Existen sectores que nunca plegamos a este proceso, otros que impulsaron inicialmente y que fueron los principales mentalizadores y otros que siguen allí. De estos últimos me parece grave que se tragaron ruedas de molino por una norma de conducta. Están justificados, apoyando o defendiendo posturas que en épocas pasadas eran insostenibles como la persecución a los líderes sociales y las acusaciones.”

Como revolucionario que en un momento de su juventud se vio empuñando armas, y cuando resultó apresado sufrió terribles torturas de las que señala como responsable, o por lo menos como testigos presenciales, al entonces Gobernador del Guayas y hoy Alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y al mismísimo Presidente de la República, León Febres-Cordero Rivadeneira, Cuvi ve a la Revolución Ciudadana como un cliché, y la califica como “vacía por revolución y ciudadana”. Lo que reclama es una convulsión de la sociedad, radicalización real, autonomía popular que se contrapone a lo que denomina división de las organizaciones; transformaciones drásticas, porque una verdadera revolución, señala, “representa un colapso de un sistema, no solo de un Régimen”.

En el caso de los gobiernos de izquierda de Latinoamérica, para Cuvi los de Venezuela y Bolivia no son más que “caudillismos autoritarios que generan la ilusión de cambio y de transformación”, diferentes a lo que ha sucedido en Brasil, Uruguay y Chile, donde lo que se planteaba por parte de sus gobiernos no eran revoluciones sino modernizaciones.

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Gastronomía, Chiyangua y Encocao

Siete años más tarde escucho una voz conocida que proviene desde la mesa ubicada justo detrás de la mía, en un restaurante vegetariano de Cuenca, donde reside desde hace muchos años. Miro con cierto disimulo y descubro a mi entrevistado, y se me hace difícil no escuchar de qué habla con su acompañante. Por extraño que parezca, la conversación no se refiere ni a subversiones ni a terrorismo, política ni revoluciones, ni torturas ni desapariciones, sino a gastronomía, y coincidentemente a gastronomía esmeraldeña: cómo preparar tapao y encocao, y hacer que tengan aroma y sabor lo más parecidos posible a la manera como se cocina en Esmeraldas. Como buen esmeraldeño no puedo evitar hacer un comentario, y les recomiendo buscar una hierba aromática que se llama chiyangua., que no es fácil hallar en la capital azuaya. Sin reconocerme, con natural extrañeza y desconfianza, “el hombre más torturado de todo el Ecuador” me agradece por la sugerencia, y yo me despido pensando que me gustaría volverlo a entrevistar, pero esta vez para hablar de temas hedonistas y culinarios.

2007-2014