Centro PEN Ecuador inaugura sus actividades en Cuenca

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Luego de muchos años sin que en el Ecuador hubiera una agrupación de escritores, lectores, personas involucradas con la sociedad y sus derechos fundamentales, como la libertad de expresión o la equidad, y gracias al apoyo irrestricto de la sede del PEN Club, ubicada en Londres, Inglaterra, y de sus máximas autoridades, su Director Ejecutivo Carles Torner y su presidenta Jennifer Clements, se funda el Centro PEN en el Ecuador.

Su consigna es promover y motivar la lectura y la escritura como base del entendimiento entre los hombres, dado que la literatura no conoce fronteras y debe mantenerse como una divisa común entre los pueblos, a pesar de las convulsiones internacionales o políticas, y la noción de que PEN aboga por el principio de la libre transmisión de pensamiento dentro de cada país y entre todos los países; y sus miembros se sienten comprometidos a oponerse a cualquier forma de supresión de la libertad de expresión.

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Para celebrar este acontecimiento de trascendencia y con el afán de dar a conocer a la sociedad de su creación y vigencia, el recientemente conformado Centro PEN Ecuador y sus miembros fundadores, han organizado un programa al que invitan al público, así como a las distintas reuniones del mismo y a hacerse eco de las manifestaciones que defienden los derechos de los creadores.

Este acto fundacional se llevará a cabo en Saladentro Espacio Multiusos, ubicado en el Paseo 3 de Noviembre y Bajada de Todos Santos, en Cuenca, Ecuador, este viernes 7 de diciembre de 2018, a las 19h00. Para este acto se contará con la participación de distinguidos escritores y artistas, en una mesa redonda cuyo tema central será la Literatura y la Libertad de Expresión, con la intervención del Ensamble Vocal Fuerte Gonela y el Grupo de Cuerdas y Viento de la Casa de la Cultura del Cañar.

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Para los miembros fundadores del PEN Ecuador, es un privilegio invitar a toda la comunidad y a los medios de comunicación a asistir y a cubrir este programa especial, que cuenta con el respaldo de las entidades antes mencionadas Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Cañar; Saladentro, Espacio Multiusos; además de contar con el apoyo de la Universidad Andina “Simón Bolívar”, de Quito; el restaurante mexicano El Pedregal Azteca, Librería Palier; la Unidad Educativa “Las Pencas”, y la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay.

Este será el primero de muchos intercambios de opiniones y expresiones culturales que el Centro PEN Ecuador producirá, sabiendo que estos espacios lo que generan es comprensión y respeto entre los seres humanos.

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Gustavo Cañizares: un poeta del pueblo

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Frente a la rada de agua de mis ojos

vi un ataúd pasar en hombros de la ciudad

con un cadáver anónimo, sin rostro

podrido de sueños, gusanos y tristezas.

Atrás, la parentela de los que en vida lo amaron:

las putas, los bohemios, los soñadores,

los caminantes, los prófugos de la vida…

¡Al tercer día la blanca

novia multiamante de los sueños

escribe sobre su tumba un soneto epitafial

testimonial de la alegría de la vida!

¡Ah la risa blanca y putañera del sueño

del día festivo y dulce de mi muerte!

El Memorial de los Sueños (57)

En el fragor de la lucha armada del pueblo nicaragüense por liberarse de la opresión sanguinaria de la dictadura somocista, bajo el innegable influjo de la Revolución Cubana, se escribió también mucha poesía, en ocasiones bastante lírica, en ocasiones harto militante y prosaica. Pero esas épocas resultan ahora impensables, arcaicas e incomprensibles para las nuevas generaciones de poetas latinoamericanos, incapaces de concebir poesía en la lucha social, en la protesta, en la toma de las armas como vía para alcanzar un sueño. Latinoamérica por lo menos vive otra era, una que no admite ese camino como forma de llegar al poder, porque además terminó decepcionándose, en medio de todos los mecanismos utilizados por las fuerzas de derecha y sus padrinos mundiales, del ejercicio abusivo y nuevamente opresor que hicieron los grupos que alcanzaron ese poder en nombre del pueblo.

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Hacia los años setenta y ochenta, la convulsión política y social del continente impedía permanecer impávidos a cuanto acontecía dentro y fuera de nuestras fronteras. Muchos fueron los poetas que hicieron de su pluma un fusil, y no pocos los que abandonaron la pluma para empuñar el fusil. Por entonces Gustavo Cañizares Betancourt (Esmeraldas, 1950) era un poeta joven que había publicado ya sus primeros poemarios bajo el influjo de la literatura universal, que enseñaba en los colegios públicos, de poetas como Gustavo Adolfo Becquer, pero también de Roque Dalton o Ernesto Cardenal. Hombre de su tiempo, fue un poeta comprometido, de metáforas claras, que podía hacer lírica de las cosas cotidianas y simples, a la vez que denunciar con frontalidad las inequidades e injusticias del sistema, fiel a sus ideas políticas y a su filosofía, radicales y sin contemplaciones.

A los 27 años aparecerá publicado su primer poemario, cuyo título no podía ser más revelador de lo que venimos afirmando: “Cantos de Protesta y de Ternura de un Itinerante Solitario” (1977). Vendrán, en los dos años siguientes, “Poemas de Gustavo Cañizares” y “Las Tergiversaciones Humanas”, antes de llegar a “La Canción de los Pájaros”, en 1981, libro en el que le cantará no solo a las golondrinas ciegas, a los pájaros también ciegos del amor, al del amor filial, al dulce y fugaz pájaro de la felicidad, sino también a los de la guerra, a los errantes pájaros del recuerdo, a los pájaros metálicos, y hasta al espantapájaro: “Bendigo el instante de lucidez y de locura / en que descifré el lenguaje de los pájaros / y de las impúberes rosas. / De los murciélagos noctámbulos, / de los búhos en vigilia, / de las sierpes voladoras, / de los anfibios volátiles. / Como canto de aurora / sollozaron en su lenguaje marinero / mil cisnes de cuellos ebúrneos / por una golondrina ciega / que chocó contra el mástil / de una góndola viajera. / Y en su aéreo viaje / las pulsátiles gaviotas / le agitaron entre sus alas / el pañuelo del adiós. / Mientras arriba / el viento cruelmente jugaba / con el alma de una golondrina ciega, / acá abajo el buitraje humano / seguía picoteando a mi tristeza. (La Golondrina Ciega)

Gustavo Cañizares dejó este mundo turbulento y trastornado el 04 de septiembre de 2018, luego de haber gastado con pasión y ternura las multisiete vidas gemelas con las que nació. Durante más de un cuarto de siglo no volví a saber de él sino hasta unas pocas semanas antes de su partida, en que me envió uno de sus últimos poemarios, el libro “Poemas sin Censura”, publicado en Manta en el año 2014. Nacido en Esmeraldas, la tierra natal no siempre le fue grata en su valoración, quizá por aquel lugar común de que nadie es profeta en su tierra. Fue Manta, la pujante ciudad portuaria de la provincia vecina, la que le acogió como a su hijo y le prodigó el reconocimiento que el lugar de natalicio no acertó a conferirle, imbuido en sus conflictos sempiternos de subdesarrollo y desigualdad social.

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Y por esa misma razón, porque otra forma de ver la creación literaria y la misma enseñanza de la literatura le permitieron establecerse como un nativo más, regresó a la urbe manabita hacia comienzos de los noventa, urgido no solo por la necesidad de crear versos sino también por dar el sustento a cada uno de los poemas humanos que creó y crió, su prole, a quienes dio su amor, su sangre y su apellido; porque además del duro oficio de la poesía, fue también un incansable cultor del duro oficio de ser padre a tiempo completo, “buscando hasta en cantinas / almuerzos desnudos, sopas de letras, / indigestiones literalcohólicas. / Rifando versos y temores. Gambeteando acreedores / con tarjetas de créditos espirituales. / Regateando luceros a la noche, / hurtando estrellitas a la mañana / para alegrar al primogénito”. Eso le evitaría volver a enfrentarse a la metáfora conyugal de sentarse a la mesa a la hora del almuerzo, y en vez de comida recibir un plato sobre el que estaba servido un libro: “Por transitar desde hace tiempo / por altos y profundos / conductos filosóficos, / yo fui el escogido / para sumergirme con mi escafandra de poeta / en profundas y genésicas aguas / de espirituales meditaciones / aunque dilapidara el corazón y la existencia / en tan temeraria, / solitaria / y dolorosa empresa. / Y por andar siempre ensimismado / en resolver teoremas / y ecuaciones / de platónicas, / socráticas / y aristotélicas hipótesis / olvidé que hoy es fin de mes / y tengo que pagar la renta / y sabed también amigos míos / que para estar de acuerdo conmigo / – filosóficamente hablando – , / esta tarde fui recibido por mi esposa / con un simbólico almuerzo: / un libro de filosofía / abierto sobre un plato. (Problemas Filosóficos)

Recuerdo que poco antes de salir ambos del puerto esmeraldeño, yo hacia la capital de la morlaquía, él hacia el puerto manabita, había sido agredido por uno de sus compañeros de militancia, de apellido bélico, en aquel partido político al que jocosa pero también trágicamente solíamos llamar Mamita Pega Duro, por sus iniciales pero también por su habitual conducta que décadas más tarde un mandatario llamaría tirapiedras representantes de la izquierda infantil, parafraseando a Vladimir Ilich Lenin. Sus militantes y dirigentes asumíanse como la única y verdadera izquierda ecuatoriana, bajo los efectos embrutecedores de su sectarismo interesado y acomodaticio. Lo curioso es que el individuo en referencia se hacía llamar a sí mismo también poeta, pero de infelices y desafortunados versos mediocres que jamás trascendieron de lugares comunes como aquello de “roja es la hierba”, frustración literaria que trató de aliviar a punta de golpes y patadas.

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Gustavo no se inmutó. Para entonces, al salir de la provincia verde, había publicado ya su Selección Poética (1984), Poema del Río (1987) y El Memorial de los Sueños (1990), libro este último que ganó el Primer Premio en el Concurso de Poesía “Arcelio Ramírez Castrillón”, convocado en 1989 por la Universidad Luis Vargas Torres de Esmeraldas, y del que el gran Antonio Preciado dijo que su autor, “siguiendo la huella de un ejercicio poético sostenido, guiándose sabiamente por los efluvios de una experiencia fermentada al calor de la gran causa del hombre y bajo los resplandores de una posición ideológica que le es consecuente, se adentra en los vericuetos de su interioridad, ahonda en la activa conciencia de su circunstancia histórica y humana, y nos entrega esta poesía de alta calidad, cuyo seguimiento abre, a quien la recorre atentamente, su latebroso esplendor.”

En aquel libro fundamental, en el poema 57, premonitorio, lúcido y claro, canta la visión onírica de lo que creyó sería, casi treinta años después, la escena de su propia partida hacia la nada, hacia la eternidad; y, en el canto 73, llega a la convicción, además, de que luego de esos sueños, esos versos, podría morir al día siguiente y renacer, triunfal: “Sé que después de estos sueños / puedo morir / mañana mismo / y renaceré, triunfalmente / en mis cantos y en mis sueños / siete veces a la vida. / Porque hoy mismo / bajo el agua inmemorial / y los rieles sin fin de los tiempos / encontré el arma perfecta / para matar la muerte / de las multisiete vidas gemelas / con las que he nacido.”

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Los poetas jóvenes parecen haber perdido la habilidad de recitar sus poemas, y los leen sumidos en las nubes del aburrimiento, cuando no de la incompatibilidad con las realidades de sus mensajes. Claro que eso no es lo que se exige de ellos, sino que escriban poemas y que estos contengan poesía, es decir calidad. Gustavo, como si evocara el entorno del norte esmeraldeño donde nació, y el sur colombiano de donde procedían sus raíces maternas, fue además de poeta un gran declamador de su poesía, algo que al parecer se cultiva aún en la tierra de Nelson Estupiñán Bass y Adalberto Ortiz. Yo mismo evoco al niño y al adolescente que alguna vez fui, tratando de recitar sus versos a todo pulmón, para martirio o quizá para regocijo de los vecinos del barrio esmeraldeño conocido como Las Palmas.

A diferencia de Esmeraldas, Manta supo reconocer su valía y lo acogió como a hijo propio, al punto de que muchos de quienes lo conocieron y supieron de su obra, siguen creyendo que era un poeta manabita, y de alguna forma lo fue porque en esa tierra se dio a conocer y publicó la mayor parte de sus libros. A comienzos de 2018, la Municipalidad de Manta le rindió un homenaje sentido además de justo, y en septiembre de este año su deceso causó conmoción en la intelectualidad manabita y en el pueblo mantense. Algo que, sin embargo, no podría afirmar de los esmeraldeños, pese a que fue miembro del Frente de Artistas Populares de Esmeraldas, coordinador del Departamento Cultural de la Unión Nacional de Educadores en la provincia, además de mentalizador y organizador del Festival de las Letras Esmeraldeñas.

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Durante el homenaje que a comienzos de 2018 le rindió la Municipalidad de Manta.

Hacia mediados de 2018, sus hijos emprenden una carrera contra el tiempo, y buscan cumplir la última voluntad del poeta: publicar su libro postrero, “Los Poetas de las Bolsas Tristes”, que con su “estilo de siempre de agriescaldadura”, conciente de la inminencia de su partida, dedicará “A la huesuda rechiflada que ya me está persiguiendo la pisada”. Libro escrito en el tiempo de resumir; libro de despedida y de reafirmación poética como compromiso de vida; libro de poemas dedicados a sus más grandes poetas, Hugo Mayo y César Dávila Andrade; a los seres que admiró, a sus amigos, a los lugares que amó, Manta, Esmeraldas, Buenaventura y Cuba la antillana; libro desesperado de reencuentro con la fe; libro descarnado, sentido, doloroso y terriblemente humano.

Prologado por Víctor Arias Aroca, éste dirá: “A Cañizares le ha ocurrido de todo en este mundo. Anduvo por el camino de los jardines que se bifurcan, anduvo errante por el río mítico de las esmeraldas prohibidas; se fue con sus cantos de protesta y de ternura y se convierte en un itinerante solitario, nos metió el cuento de que los pájaros eran una canción y era mentira porque él no pudo aprenderse el canto de los pájaros y decidió escribirlo; se fue más arriba, se hizo filósofo y entró en el vendaval de los proverbios y los amorfinos; se fue de combate con la poesía desnuda y ahora nos sale con los poetas de las bolsas tristes que parecen desterrados del gobierno y, francamente, enemigos de la democracia, ya que a ellos el mundo no ha sido capaz de llenarles sus bolsas mientras que los señores del poder se llenan las bolsas, los bolsillos, las chequeras y van por el mundo recordándonos que la desvergüenza existe y que los burros sí pueden volar y llegan al poder de rebuzno en rebuzno.”

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Tentado de decirle adiós al poeta, pero también al tío que admiré en la niñez y en la adolescencia, en la juventud y en la vida adulta, una vez más debo recurrir a la clarividente y brutal honestidad de sus versos: “Con el último puñado de tierra / me dirán: Adiós. / Con los últimos pasos que se alejan / les diré: hasta luego. / Santuario de aguas negras. / Me quedaré solo. Inmensamente solo. / Ahogado en una tacita de café. / Y su amargor sin fin / oscurana de la eternidad.” Hasta luego poeta. Hasta luego, tío Gustavo.

Cuenca, octubre de 2018

Palabras sobre el poeta y su obra

Gustavo Cañizares está en la poesía, no quiere recorrer los caminos fáciles, pues como alguien decía, sólo lo difícil es estimulante”. Por otro lado merece destacarse la originalidad de los contenidos, donde aparecen pensamientos propios de alguien que siente la poesía como un don y no como una dificultad” (Hugo Mayo)

Es tan difícil hablar de un hombre controvertido. Y Gustavo Cañizares lo es a manos llenas. Cuando lo conoció comprendí que era uno de esos ejemplares que están desapareciendo de la especie humana: el poeta puro. Gustavo es un poeta nato, un poeta en la extensión de la palabra. Un bardo que hace poesía de todo y que encuentra las causas y efectos de sus aptitudes poéticas hasta en los platos servidos a la hora del almuerzo. (Fernando Macías Pinargote)

No hay duda, Gustavo Cañizares es un poeta en toda la extensión del vocablo, tomando en consideración que todos sus poemas tienen un fuego creador donde con voz diáfana y varonil expresa su mensaje clarísimo sin entrar al cultismo intrincado de “poetizar” en que muchos versificadores contemporáneos suelen escudarse a falta de genio creador. (Arcelio Ramírez)

Un poeta seguro de que tiene la palabra para decirse entero, convencido de que con la madurez de su voz podía atreverse y salir airoso de una apasionada andadura por los contenidos profundos… Predomina la inconfundible bondad de un poeta que va convirtiéndose en una de las voces más significativas de la joven poesía ecuatoriana. (Antonio Preciado Bedoya)

Qué duda cabe, Gustavo Cañizares es un hombre signado por el tizón incandescente de la poesía. Por su persistente búsqueda, pasión, empaques y haceres de juglar de la literatura ecuatoriana. En este libro de poemas se siente la presencia del poeta y su hálito vital reafirmante de una verdad insoslayable: Gustavo Cañizares está llegando al hontanar de donde brota la poesía como una yema imperecedera.” (Euler Granda)

Siempre quise un objeto blasfemante, algo con el cual aterrorizar. Y Poemas sin Censura de Gustavo Cañizares es ese objeto, un libro-blasfemia que tiene una voz madura, colosal, cínica, ególatra, desesperadamente cómica. Un libro-blasfemia donde la voz poética (aquel alter ego ampuloso del autor) habla desde la intimidad y cuenta sus secretos descabellados. Una voz que habla desde la experiencia: años-arrugas-historias. Una voz que blasfema en nombre de un dios con el que se bebe y encara. Un libro-blasfemia capaz de revolver las entrañas de la felicidad. Cañizares con este nuevo trabajo poético deja asentada su labor como escritor, un comprometido con la palabra (cuyo respeto reside en jugar con ella a su manera), con la idea de legar a la poesía ecuatoriana un trabajo debidamente justificado.” (Alexis Cuzme)

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María Rosa Crespo: Estudios Literarios y Culturales

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María Rosa Crespo (Cuenca, 1942) es un nombre que evoca imágenes y recuerdos en cientos de personas en Cuenca y el Azuay. Formadora y forjadora de varias generaciones a través de la docencia tanto secundaria como universitaria, su vida ha transcurrido entre libros, historias, estudiantes, responsabilidades públicas en los ámbitos cultural y académico, a la par que una especial condición de pionera en áreas que, por lo menos a nivel de la capital azuaya, habían estado tradicional e indolentemente reservadas a los hombres.

Así, en medio de una serie de dificultades, obstáculos y celosas resistencias machistas, al finalizar la década de los setentas será la primera mujer en obtener el grado de Doctora en Filología por la Universidad de Cuenca, y, una veintena de años después, será también históricamente la primera y hasta el momento única mujer electa Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay.

Estudios Culturales y Literarios, sin apartarse del rigor académico y la seriedad de sus investigaciones, es al mismo tiempo el reflejo de las inquietudes múltiples de un ser apasionado por la humanidad y sus producciones intelectuales, culturales.

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Desde San Juan de la Cruz y la intensidad de su cántico espiritual, salta en el tiempo hasta Miguel Hernández, sus elegías y la tragedia épica y sentimental de su vida y su muerte; acto seguido se traslada a la geografía de la Cuenca andina para enfrentarse a los mundos poéticos de Alfonso Moreno Mora, César Dávila Andrade y Efraín Jara Idrovo, los tres más altos nombres de la lírica cuencana durante el siglo XX y lo que va de la centuria actual.

Lírica, Narrativa, Literatura Popular y Ensayos Literarios componen la primera mitad del libro, en la que aborda con una visión peculiar, casi de disección, a figuras icónicas de la literatura latinoamericana y ecuatoriana: Manuel J. Calle, Carlos Fuentes, José de la Cuadra, Gabriel García Márquez, Eliécer Cárdenas, Jorge Dávila.

En la segunda, es la cultura vista a través de un caleidoscopio el eje central en torno al cual giran los ensayos de una de las intelectuales cuencanas de mayor valía, prestigio e interés en la Cuenca de los Andes de las últimas décadas.

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La obra es publicada por el Encuentro Sobre Literatura Ecuatoriana “Alfonso Carrasco Vintimilla”, que con una periodicidad bienal organiza la Escuela de Lengua y Literatura, adscrita a la Facultad de Filosofía, con ocasión de la decimotercera edición que se viene desarrollando en la capital azuaya, y está prevista su presentación para este jueves 23 de noviembre, en el Aula Magna “Mario Vintimilla” de la Universidad Estatal.

 

 

El Yo repetido de Patricio Palomeque

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Las primeras imágenes personales que recuerdo del artista distan bastante en tiempo y aspecto de las que hoy en día proyecta. Por entonces, hablo del año 1990, Patricio Palomeque (1962) daba la impresión de un eterno adolescente, aunque bordeaba ya los treinta años de edad, luciendo una melena que llevó como emblema mientras la codificación de sus genes así se lo permitió.

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Joven, al poco tiempo se uniría con su amigo personal, más joven aún, el poeta Cristóbal Zapata (1968), considerado durante un largo lapso el enfant terrible de las letras morlacas, para crear un libro gigante que chorreaba erotismo y audacia casi pornográfica bajo los dibujos del uno y los poemas del otro, y un título inequívoco: Corona de Cuerpos. Brutales, a la vez que sublimes; explícitos, al mismo tiempo que metafóricos, la creación lírica y la creación artística, poema y dibujo, versos y líneas entrecruzándose, eso fue el contenido de aquel libro de colección de tamaño inusual, imposible de encajar en una estantería normal, y una edición de apenas 30 ejemplares, por supuesto numerados, que ambos personajes sabrían o aprenderían a vender bien.

La tónica y la temática eróticas le acompañarán desde siempre, con persistencia recurrente y casi obsesiva, mas con el transcurrir de los años la constante de sus figuraciones abordará no solo escenas oníricas y lúdicas, íntimas, eróticas, en ocasiones grupales, orgiásticas, bestiales y extraídas de su propio bestiario, sino también rostros, muchas veces autorretratos (no siempre conscientes) que señalan un recorrido, un sendero, el transitar de un artista y de un hombre, expresado en las huellas de su reflejo especular que pueden ser rastreadas en la colección de sus dibujos.

Estos son, precisamente, los que dan cuenta del tránsito de Palomeque por los senderos de su creación, de su madurez y su evolución tanto en lo artístico como en lo humano, indisolubles condiciones presentes en el libro Patricio Palomeque. El Yo Repetido. Dibujos [1990-2017], de reciente publicación gracias a los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura del Ecuador: “Este libro reúne una selección de dibujos que he ido acumulando a lo largo de casi treinta años, lo que quiere decir que han sido realizados en las más diversas circunstancias y a la manera de un diario escrito a saltos. A su modo, cada uno cuenta un pasaje –dichoso o angustioso– de estos tiempos: amores, desamores, cuerpos y seres queridos, sueños, divertimentos, viajes, encuentros gozosos y desencuentros, que finalmente son los acontecimientos que aún hoy me hieren.”

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Avanzar a través de sus páginas da cuenta de un recorrido, y de un imaginario, el del artista, forjado desde las distintas perspectivas y facetas de su vida y su proceso evolutivo como creador. Los textos presentes en la obra son también un homenaje de tres de sus más íntimos amigos que son, a la vez, tres de los más importantes nombres de la creación literaria de por lo menos la zona austral del Ecuador, para decirlo con calma y relativa modestia: los poetas Galo Torres, Cristóbal Zapata y Roy Sigüenza.

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La imagen que ha proyectado el Palomeque persona, o más bien dicho la impresión, ha tenido en no pocas ocasiones componentes rayanos en lo arrogante, displicente y a menudo irritante, por lo que tampoco le han faltado a lo largo del camino detractores muchas veces gratuitos. Hoy, a sus 55 años de edad, con una apariencia de por lo menos diez años menos, sigue siendo el conquistador eterno que ha sido siempre, incapaz de formular negativa alguna a la damisela de su gusto que cruce su camino. En esas tres décadas de inevitable frecuentación de nuestros círculos de amistades, se le vio acompañado de actrices, bailarinas, artistas plásticas, de diferentes edades y grados de chifladura, que han ido desfilando sin lograr un sitio definido o definitivo en su vida de galán sempiterno.

Resulta curioso: la leyenda personal y pública de Palomeque habla de sus años adolescentes viviendo en la ciudad de Esmeraldas, la “rústica aldea costeña” a la que se refiere Zapata en su texto sobre el libro. Eso quiere decir que el autor de estas líneas era por entonces un pelado de ocho años, embelesado en las húmedas turbulencias de las veinte mi leguas de viaje submarino empapadas en el primer libro de su vida, y muy difícilmente habría coincidido con el adolescente que aquél era por entonces. Mas lo imagino, y es pura especulación, frecuentando a los jóvenes miembros del club TPB (The Palms Beach), grupo de adolescentes medio zanahorias de finales de los años setentas y comienzos de los ochentas, muchachos mestizos de clase media residentes todos en el barrio Las Palmas, a orillas del mar. Me pregunto si el futuro artista habrá alcanzado a ser testigo de los cambios operados en esa zona de Esmeraldas, cuando con el fin de construir las instalaciones portuarias sobre relleno se trasladó a todo un barrio desde el sector conocido como La Boca hasta lo que hoy es Las Palmas.

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A Palomeque lo conocería en Cuenca, en el año en que comienza justamente esta recopilación de sus dibujos, a través del escritor Cristóbal Zapata, quien por entonces dirigía en calidad de instructor un taller de literatura al que asistíamos, aún muy jóvenes y hermosos, entre otros personajes de más o menos igual calaña, Galo Torres, Ángel Vera, Juana Sotomayor, Julio Yunga, Sergio Cajamarca, y Rodrigo Aguilar, de los que recuerdo. Entre los ciclos agotados y renovados de mi amistad con Zapata, ha sido inevitable frecuentar con el artista y ser testigo en buena medida de las creaciones recopiladas en el libro, una forma de decir, también, que muchas de estas imágenes acompañaron nuestra cotidianidad transcurrida a través de una senda de tres décadas en Cuenca de los Andes.

Y en Cuenca y su centro histórico el artista se iría encarnando a fuerza de presencia cotidiana, farras y delirios báquicos recurrentes; a fuerza de una creación plástica abundante y de su posterior incursión en diferentes formas de hacer y ver el arte, como las instalaciones y performances, como las infinitas posibilidades de lo audiovisual y digital, como la fotografía y la impresión en metal; o a fuerza del motor de la motocicleta con la que de vez en cuando se da un brinco a la playa, a las celdas de una cárcel cuencana por exceso de velocidad, o hasta el mismo confín del mundo en la parte más austral de Chile.

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Patricio Palomeque y Cristóbal Zapata, durante la presentación de El Yo Repetido

Desde mi propia óptica vital, desde mi etéreo puesto no oficial de cronista propio-ajeno de la morlaquía, los dibujos evocan también mi peculiar tránsito por las calles, y creo que de la mayoría de gente de nuestra generación que hizo de Cuenca su espacio vital, las carreteras los pasillos, los salones, las puertas, las ventanas, los balcones, los comedores, las cocinas, las alcobas y todos los espacios públicos y privados, los hechos, sucesos, acontecimientos de la vida cotidiana durante el mismo periodo de casi treinta años: “las figuras de Palomeque son visiones interiores, elaboraciones fantásticas de la realidad, de allí la apariencia tantas veces onírica, surrealista de su empresa figurativa; sus personajes y situaciones –como las de todo artista visionario– nos resultan al mismo tiempo familiares y extraños, en ellos nos reconocemos nosotros y –a través de nuestras pulsiones, deseos y temores recónditos– adivinamos a los otros”, dirá Zapata en Un bosque de cuerpos, texto con el que el libro introduce a la parte de la compilación subtitulada El Yo Repetido.

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En la tarea involuntaria de la evocación que provoca el libro de Palomeque, me resulta curioso también hallar tres figuras impresas en esas paredes extrañas, escondidas, que la memoria tiene en cada uno, y todas con una carga erótica evidente. La primera emerge de un poema de Galo Torres, el poeta cabalgando a toda dicha sobre el lomo incitante, refulgente, lubricado y presto de la amante; la segunda, de varios poemas de Cristóbal Zapata que podrían sintetizarse en estos versos: En la delicada bisagra de tu carne / el tiempo está fuera de lugar, de Jardín de Arena; o, en estos, Chupan mis labios la pulpa encarnada / hasta embriagarme con su miel negra, / mi licor secreto, mi jarabe eficaz, presentes en La miel de la higuera. La tercera no es literaria sino visual, y, curiosamente, es una obra de Patricio Palomeque recogida en la sección Pieles del libro que comentamos, contundente, terrible, resoluta en la ilustración de un beso negro inmortalizado, previo a las violentas y prohibidas, imbuidas de tabú, delicias sodomitas entre un hombre y una mujer.

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Los dibujos de El Yo Repetido son una suerte de rompecabezas que va completando la visión retrospectiva del artista y su obra a través del tiempo, y que encajan y se suman a otras evaluaciones y compilaciones de su trabajo, como La otra parte de la diversión [Obra escogida 1991-2012]. Forman parte de su propio proceso creativo y evolutivo, y de la vasta gama de intereses y formas de expresión artística y humana que atraen la atención insaciable de este inquieto, polémico y único artista cuencano.

Nela Martínez: transgresora del ordenamiento social

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Tuve siempre la vaga y confusa convicción, casi como parte de una leyenda familiar perdida en el olvido, de que cuando vi por primera vez la luz de este mundo el médico que asistió a mi madre fue el doctor Paredes. A casi 36 años de ese hecho particular, en función de este texto y decidido a esclarecer, de una vez por todas, la verdad, me atreví a preguntar. De inmediato comprendí, con algo de decepción, que no fue así. En efecto, mi madre dio a luz asistida por este médico de enorme prestigio en la provincia de Esmeraldas, pero quien nació entonces no fui yo sino mi hermano.

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Años más tarde, ya en el colegio, compartiría aula y camaradería adolescente con uno de los hijos de Paredes, Mauricio, poco tiempo después de que el galeno salvara la vida del autor de esta nota, pero esta vez por una travesura de muchacho. Aunque por entonces no lo comprendía así, con el transcurrir de la vida llegué a asumir que había nacido de nuevo, y que esta vez el “partero” sí fue el doctor Paredes. Pero no sería sino hasta los 17 años, cuando ingresaba a militar en la Juventud Comunista, en Esmeraldas, que me percataría de quién era en realidad el doctor Leonardo Paredes Martínez, hijo del fundador del Partido Comunista y de una de las más grandes mujeres que ha dado el Ecuador.

El 24 de noviembre de 1912, bautizada como Mariana de Jesús Martínez Espinosa, nació en Coyoctor, en un hogar profundamente católico y conservador de la provincia del Cañar, quien con el tiempo se convertiría en toda una leyenda viviente de la historia ecuatoriana y latinoamericana: Nela Martínez Espinosa. Su numerosa familia se dispersará luego por lugares como Cuenca, en donde su hermano Gerardo, conservador y católico, llegará a convertirse en Gobernador del Azuay, y una de sus sobrinas-nietas, María de los Ángeles, entrará con pie firme y derecho en las letras ecuatorianas, gracias a su agudo y peculiar talento literario.

Mediante entrevistas y diálogos, Alexandra Ayala y Ximena Costales escribieron y editaron Yo siempre he sido Nela Martínez. Una autobiografía hablada, publicado en 2006 por el Consejo Nacional de las Mujeres, casi dos años después del deceso de la gran luchadora cañarense.

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A manera de testimonio narrado por la propia dirigente, va apareciendo a los ojos del lector su vida: sus primeros años en Cañar; su traslado a estudiar la secundaria a Cuenca, al colegio de los Sagrados Corazones, de donde regresaría tres años más tarde “sin diploma alguno porque en ese entonces no se acostumbraba graduar a las mujeres”; su vida en Guayaquil, en Ambato y en Quito; su matrimonio con el escritor comunista Joaquín Gallegos Lara; su romance con el fundador del Partido Comunista del Ecuador, Ricardo Paredes; su lucha a través de los sindicatos, junto a los obreros, junto a las mujeres; su labor pionera en la defensa de los derechos de la Mujer; su lucha luego acompañada por otro líder comunista, el francés Raymon Meriguet; la Gloriosa del 28 de Mayo de 1944. Una serie de hechos y episodios de los que ella fue de una u otra forma protagonista o testigo.

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Se trata de un libro fundamental para comprender el pensamiento y el camino seguido por Nela Martínez, no solo desde la óptica de lo histórico sino inclusive de lo literario y cultural, como fue su relación con Joaquín Gallegos:

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Con el escritor y dirigente comunista Joaquín Gallegos Lara

Lo vi por primera vez detrás de un escritorio. Tenía una voz poderosa, unos hombros gigantes, un busto muy fuerte. Dominaba completamente el escenario donde se encontraba, tanto por su fuerza vocal como por la fuerza de su inteligencia. Indudablemente, era un hombre que impresionaba muchísimo y debió impresionarme a mí que andaba buscando en ese momento caminos y salidas. Él había publicado Los que se van.

Yo siempre he sido Nela Martínez, obra con la que el Consejo Nacional de las Mujeres inició la serie Biografías de Mujeres Ecuatorianas, es no solo un homenaje a una de las mujeres más influyentes de la historia ecuatoriana y latinoamericana, sino sobre todo un testimonio de la historia nacional a lo largo del siglo XX. Se trata del primer libro de una serie y de un proceso editorial biográfico destinado a recuperar la historia y la trayectoria de mujeres valiosas que, a lo largo de la vida republicana del Ecuador, enfrentadas al poder establecido, trabajaron y lucharon por la igualdad, la justicia y la paz.

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En esa intensa búsqueda de fronteras, de caminos, de nuevas experiencias, la conciencia proletaria y de clase de Nela van consolidándose, y su bregar cotidiano la lleva a departir, luchar y discutir junto con figuras claves de la cultura y la política de avanzada de entonces: Alfredo Pareja Diezcanseco, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert, Alfredo Palacio (escritor lojano, maestro de la Escuela de bellas Artes de Guayaquil, padre del ex Presidente interino que reemplazó a Lucio Gutiérrez), Pedro Jorge Vera, Alba Calderón, Gustavo Becerra Ortiz.

Al ser una mujer que “no funcionaba con las típicas reglamentaciones de la vida social”, puesto que trabajaba con obreros y campesinos, y creía en la necesidad de transmitir un pensamiento revolucionario para que cambiara la sociedad, esta admiradora profunda de Manuela Sáenz se relaciona afectivamente con Ricardo Paredes, fundador del Partido Comunista del Ecuador. De esa relación nacerá su primer hijo, Leonardo, quien con el tiempo se convertirá en un prestigioso médico radicado en la provincia de Esmeraldas, como antes había hecho su padre:

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Ricardo Paredes, médico ecuatoriano fundador del Partido Comunista del Ecuador

Este hijo mío, Leonardo Paredes, nació de una relación de amor. Debo aclarar que aquello que me atrajo de Ricardo Paredes, su padre, fue su apostolado y también su bondad para tratar los dolores y las miserias de los más desposeídos. Él era médico, y en lugar de asentarse en una sola ciudad y prosperar, como se esperaba de un profesional, solía ausentarse a distintas provincias del país y avecindarse en el lugar menos esperado, por ejemplo Esmeraldas, para dedicarse un tiempo a su profesión, y otro, a ir estructurando el Partido Comunista en aquel sector.

En las páginas de esta obra aparece la historia nacional, con sus conquistas y fracasos; la transformación que se va operando en el país a nivel de la lucha femenina por conquistar sus derechos, y cómo ese ejemplo va irradiando hacia América Latina. La “Gloriosa” de mayo de 1944, uno de los episodios más trascendentes de la historia ecuatoriana, verá la participación de Nela de una manera peculiar, pues prácticamente será la primera vez que una mujer esté al frente del Ministerio de Gobierno. Como delegada por la Confederación de Trabajadores del Ecuador CTE, Nela había previamente participado en la fundación de la Alianza Femenina Ecuatoriana AFE, movimento que apoyaba la revolución. A continuación la decepción que causó luego el ascenso contrarrevolucionario de José María Velasco Ibarra, a quien se entregó el poder político en bandeja de plata.

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A ello se agrega su experiencia internacionalista, a través de la cual impulsó la unidad y el despertar de las mujeres del continente hacia la conquista de sus derechos, además de que ayudó a formar el Partido Comunista en lugares donde no había sido posible. Esa lucha internacional la llevaría a un periplo por diferentes países de América y Europa, y terminaría codeándose, por el respeto y el prestigio que como luchadora ganó, con personajes como Pablo Neruda, Fidel Castro, Gabriel García Márquez, Manuel Marulanda, Andrés Pastrana; es decir, personajes de la historia latinoamericana.

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Nela junto al comandante Fidel Castro

Por su trayectoria se la calificó como “Mujer del Siglo”, y se le entregó la presea “Manuela Cañizares”, por parte de la Municipalidad de Quito, y la condecoración del Congreso Nacional. El 30 de julio de 2004, luego de un largo y doloroso tratamiento brindado solidariamente por el gobierno cubano y el personal médico especializado del Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas de La Habana, falleció la luchadora ecuatoriana, la Nela.