Antonio Preciado: la Poesía no tiene Color

Estándar

10524844_859755960718811_1997829619_n

La idea de entrevistar al poeta afroecuatoriano Antonio Preciado, me resultaba particularmente tentadora. Volver a mi natal Esmeraldas, bajo el pretexto de «enfrentarme» a esa especie de monstruo sacro de la poesía esmeraldeña, era como haber recibido el regalo de una venganza sutil y velada [por supuesto], casi diez años después de que mi atrevida ingenuidad adolescente, urgida por decenas de páginas de versos totalmente impúberes, apostara a perseguir al barriocalienteño jututo al extremo del cansancio y el desplante consecuente.

 

Este hombre y su planeta

Lograr que el funcionario, más que el poeta, encontrara un espacio en su agenda no fue fácil. Preciado es el máximo responsable de la actividad cultural que el Banco Central desarrolla en la provincia verde. Tuve que valerme de un amigo común. Aun así, fue preciso aguardar varios días. Programada para las nueve de la mañana de un sofocante martes de septiembre, la entrevista no comenzaría sino dos horas después, a causa de una inesperada reunión de trabajo. Su secretaria, tomándome por funcionario del Banco, fue extremadamente amable, y me permitió esperar sentado sobre una de las cuatro sillas colocadas frente al escritorio del licenciado, como le llamaban por entonces sus subalternos.

En la oficina, gruesas y pesadas cortinas impedían el paso de la agobiante luz solar esmeraldeña, aunque no del bullicio de la céntrica calle Bolívar. Escritorio grande, con muchas fotografías bajo el vidrio, recuerdos de las amistades que ha sembrado, en diferentes latitudes, este hombre y su planeta.

Después de que el poeta diese lectura a un documento extensísimo, preparado para esta entrevista [y al parecer para algunas más, conforme fui percatándome tiempo después], ya que, según dijo, a menudo su sucesivos entrevistadores distorsionaron cuanto había querido decir, tímido y casi incrédulo de por fin poder comenzar mi trabajo me atrevo a lanzarle mis primeras inquietudes, en torno al recibimiento que habían tenido De ahora en adelante y Jututo, sus dos últimas publicaciones: «En rigor, han sido bien recibidas, de acuerdo con lo que dicen los comentarios escritos, tanto de dentro como de fuera del país. Algunos de los poemas de estos dos últimos libros han sido  recogidos ya en antologías del exterior. Pero no soy una persona que se satisface a plenitud con lo que va realizando, porque esa satisfacción supondría una suerte de engolosinamiento con lo que se hace, y una pérdida de la obligación de trabajar incesantemente en nuevas empresas artísticas.»

                                   antoniopreciado2

Ni un antes ni un después

Con la certeza de que aún no ha escrito una obra a la que pueda considerar el referente máximo de todos sus poemas y libros de poemas, para él la poesía es inmensa y le hace sentir «apabullado, verdaderamente minúsculo, pequeño al lado de los horizontes que se presentan dentro de las perspectivas de la creación literaria

Preciado no cree haber andado mucho; al contrario, considera poco lo que ha hecho y se ve obligado a esforzarse de manera constante: «No hay un antes ni un después, sino un siempre en mi creación.»

En Jututo, se da la presencia de varios poemas dedicados o escritos a partir de la evocación de personas conocidas por él en Esmeraldas y en diversos sitios del mundo, bajo el título de Algunos de los míos. Son la mayor parte amigos muy cercanos, otros no tanto, pero a todos ellos les une un vínculo humano, poético o político, en el más hondo y genuino sentido de cada término. En definitiva, gente negra a la que el poeta admira y a la que confiesa querer, lo cual me mueve a indagar por su concepto de amistad: «Para mí, es un sentimiento de extraordinario y profundo valor, porque ancla el afecto de dos o más seres. Creo en todo lo que reúne al hombre, en todo lo que le permite abrazarse, en todo lo que orienta la proa visionaria hacia el encuentro del hombre con los demás seres; estando en ese cauce, la amistad es para mí altísimamente valiosa.»

También se confiesa posesivo, pero con la inmediata aclaración de que no es en el sentido egoísta de la posesión, según sus propias palabras:«Soy posesivo en el sentido de mantener aprehendido, al alcance de mi tacto, de mis afectos, de mi querencia volcánica, del vórtice de mi cariño, de mi ser que brota por mis poros, todas las cosas entrañables, las cosas y los seres que amo… La persistencia de mi yo no se anula, no se diluye definitivamente, sino que se fortalece y realiza en un mundo de incesantes interacciones. Y ese es el asiento del carácter social de mi creación. Eso es lo que se patentiza en una convergencia entre los demás y yo, como creador, a través del instrumento maravilloso de la palabra.»

RAO: ¿No ha sentido el peligro de una exagerada consideración de lo social, de lo político, en detrimento de lo estético?

AP: El universo de mi poesía no se agota en esa primordial preocupación, ni el universo de ninguna poesía… Escribo orientándome hacia los fines que, a mi entender, dan un sentido mejor, más fructuoso desde el punto de vista de la satisfacción moral y espiritual que busco en el hacer poético. Además de la gravitante imposición que supone la lengua compartida, lo digo sin eufemismos, también intencionalmente pretendo escribir para los demás, pues mi propósito siempre es decir algo, que a la vez que se encuadre dentro de los movimientos estéticos sea recibido por ese gran otro a quien me dirijo, ese otro múltiple que es destinatario de la creación. Necesito y busco ser aprehendido, captado.

Resulta obvio que para Preciado la escritura poética es una necesidad de expresión, dentro de la cual están permanentemente presentes las preocupaciones sociales. Se concibe a sí mismo como alguien cuyo deber es no perder de vista en la creación, como ingredientes básicos de su propio sentido de lo popular, lo que denomina «la ineludible obligación de permanecer atento a los problemas del pueblo». De otro lado, la abundante utilización de metáforas en su poesía podría interpretarse como un intento catártico, de auto-purificación, a pesar de sus reiteradas intenciones de ir al encuentro con los demás.

Los medios materiales

También me intrigaba un poco, en esta época en la que no nos imaginamos escribiendo en otra cosa que no sea un teclado de computador, la forma en la que Preciado da a luz sus poemas: «Escribo a mano, y escribo acostado; no por pereza, como me decía en broma un amigo… [ríe, a propósito de ser ese otro de los estereotipos en torno a los negros]. Escribo acostado, porque así me acostumbré desde que era muchacho. Siempre leo y escribo acostado; por supuesto, cuando estoy en mi casa

antoniopreciadoantoniopreciado1

¿Su poética es vivencial, o es una literatura de la literatura?

Es vivencial. Toda creación empieza por la práctica, por el contacto vivo del ser humano, de su percepción sensorial con el mundo que lo rodea, con los demás seres; la realidad objetiva en sus dos grandes vertientes: la naturaleza y la sociedad. En ese sentido, las obras de arte también parten, aunque no se lo quiera reconocer, de esa realidad objetiva.

La abuela Francisca

Además de lo social y natural, otra de las presencias determinantes en su vida y, por ende, en su poesía, es la de las mujeres: «Desde la venerable abuela Francisca, que me inició en el conocimiento de mis esencias étnicas, que me llenó la cabeza de mitos, de fantasmas, de dioses; que aproximó a mi olfato el aroma de las hierbas curativas. Desde esa abuela Pancha, pasando por mi madre, por mi Felisa, que vive a sus ochenta y tantos años; esa mujer que, como digo por ahí, se repartía entre cinco hijos, sola, y que realizaba el milagro de hacer alcanzar un número menor para un número mayor. Dalia, mi única hermana; mis amigas, hasta llegar a las mujeres con las que he compartido parte de mi vida, por las que tengo un profundo respeto, y que han dejado su marchamo indeleble en mi espíritu.»

La poesía no tiene color

La conversación es con frecuencia interrumpida por llamadas telefónicas, por el ingreso sin previo aviso de personas que no sabían nada del asunto, y hasta por salidas del mismo Preciado. Algunos de esos momentos son aprovechados por mí para voltearme a observar, con detenimiento y fascinación, tres fotografías en blanco y negro: una hermosa negra ataviada con pañolón, casi niña, casi adolescente; un sonriente negro que sostiene entre la perfección envidiable de sus dientes una humeante cachimba [pipa]; y, finalmente, los bellos ojos grandes, sorprendidos, diríase que tristes, de un pequeño negrito.

Fuera de Esmeraldas, me atrevo a decir que aun dentro de ella, se le considera exclusivamente un poeta de la negritud, quizá su máximo exponente. Este encasillamiento parece molestarle, pues, de alguna manera, podría considerarse también un rezago de la discriminación de la que ha sido objeto el pueblo afro: «La mayor parte de mi poesía no está centrada en la negritud. Alguna vez Hernán Rodríguez decía, en un comentario, que yo había tomado poco de la inmensa cantera de la negritud, siendo un poeta negro… Mi poesía está centrada en una preocupación general por el hombre, por el ser humano amplio, genérico, universal, partiendo de la convicción de que primero soy hombre, después soy un hombre negro. Toco la realidad de la negritud como tal, pero ligada también, eslabonada, articulada, vertebrada a la realidad del hombre en general. Estoy obligado a decirle esto porque mucha gente considera que como soy un poeta negro mi poesía es negra. La poesía no tiene color; las realidades del hombre negro las puede tocar un poeta que no sea negro, que no tenga en la piel la carga que yo tengo, que no sea de mi etnia. Si se afirma que mi poesía está exclusivamente centrada en la negritud, no hay conocimiento profundo de ella.»

antoniopreciado

¿Cree que hay racismo en Esmeraldas, la provincia con el mayor porcentaje de población negra en el Ecuador?

No creo que la mayoría de la gente en Esmeraldas sea racista. Hay manifestaciones de racismo antinegro, pero son producto de antecedentes históricos a los que me he referido siempre, como la teorización de una supuesta inferioridad del hombre negro. En esta provincia, tradicionalmente, el negro ha estado ligado a los estratos inferiores de la sociedad, al sector más pobre de ella, realizando trabajos domésticos, de carga, etc. El mestizo [el mulato], que tiene mucho de negro pero quiere blanquearse, que quiere no ser negro, arremete contra quien, ilusoriamente, considera la última rueda del coche. Mas, por lo general, Esmeraldas es un batidero de gentes de diferentes etnias, que no mantienen ese tipo de diferencias, de prejuicios.

Usted habla de esa «supuesta inferioridad», pero quizá la actitud del esmeraldeño negro de la actualidad no es tan altiva o contestataria como la del negro estadounidense, por ejemplo…

Las diferencias que se puedan advertir son de carácter publicitario. El hombre esmeraldeño tiene conciencia de que es un ser humano –sobre todo el hombre joven-, que afirma su valor y busca también la consolidación de su identidad cultural como etnia, sin perder de vista el hecho de que, fundamentalmente, es un ser humano. Esa afirmación se ha venido dando a partir del acceso que la juventud ha tenido, en las últimas décadas, a la educación. La escolaridad más alta del negro esmeraldeño va ejerciendo un influjo liberador en este sentido, haciéndole ver más amplio el horizonte, ampliando su cosmovisión.

Casi al final, me resisto a despedirme [o a ser despedido] sin tratar de hurgar un poco en las facetas más personales del Preciado humano, del Antonio Preciado que no tiene reparos a la hora de reconocer cuánto le gusta la comida esmeraldeña y sus platos típicos: los encocaos [mariscos sazonados en leche de coco], las balas [bolones de plátano verde aplanados], el masato [una especie de batido de plátano maduro con leche], o el irresistible tapao [pescado cocido y condimentado con hierbas aromáticas como la local y exquisita chillangua, y acompañado de plátano verde cocinado; del Antonio Preciado que reitera ser un esmeraldeño jututo [auténtico], que gusta de la marimba tanto como de la música formal, ligera, popular de los países latinoamericanos, la música ecuatoriana, el blues, el jazz, etcétera.

10474168_859756247385449_857853980_n

La cultura esmeraldeña

Preciado habla con bastante rapidez. Imagino cuán difícil hubiese resultado esta entrevista sin la ayuda de una grabadora. Luego de hora y media es evidente el cansancio, pero no tanto como la prisa por despedir a su interlocutor para continuar con su intensa agenda de trabajo.

Hacia los años setentas, el poeta fue uno de los más apasionados impulsores y protagonistas de la cultura esmeraldeña. Hoy se dedica solo a las actividades culturales del Banco Central, por coincidencia y fortuna a su cargo: «En esa época contaba con un grupo de trabajadores de la cultura, de dinamizadores, muy entusiasta. Fui entonces Presidente de la Casa de la Cultura por dos periodos. La recuerdo como una época extraordinaria. Después, cuando dirigí el Centro Municipal de Cultura, se vivió también una época de intensa actividad.»

Debido, entre otras causas, a la falta de asignaciones presupuestarias suficientes, las dos instituciones perderían protagonismo. Es entonces cuando, a mediados de la década anterior, la entidad bancaria asume la tarea de rescatar, preservar y difundir la cultura de esta provincia: «El Banco Central ha venido trabajando intensamente aquí. Si se suprime su actividad (museo, archivo histórico, difusión de programas, etc.), Esmeraldas quedará huérfana de estímulos de trabajo cultural en su comunidad.»

Revista “Cultura”, Banco Central del Ecuador

Quito, Septiembre de 1998

Anuncios